“Me da asco la política, son los más tontos de la clase, porque la gente más capacitada no quiere entrar en política”
Hoy quiero dedicar este espacio a alguien que, sin deber nada a nadie, salvó vidas, puso su dinero, su tiempo y su salud al servicio de miles de valencianos durante la riada. Me refiero a Ángel Gaitán, mecánico, empresario, perito, y uno de esos españoles que aún recuerdan lo que significa la palabra “responsabilidad”.
Ángel llegó a plató sin haber hablado conmigo antes. Ni falta que hizo. En cuanto leyó en voz alta los titulares que algunos medios le dedicaron, se encendió por dentro. Cómo no iba a encenderse si tuvo que leer cosas como “el embaucador Ángel Gaitán” o insinuaciones miserables como que repartía ayudas “según los likes” que recibía en redes.
Lo dijo claro, sin filtros y sin miedo: “El hijo de la gran… que haya escrito eso, lo único que le deseo es la muerte.”
Y lo entiendo. Lo entiendo porque mientras él y cientos de voluntarios dormían diez minutos en una furgoneta, esos periodistas de despacho escribían basuras desde la comodidad de su silla. Cada vídeo de Ángel sigue ahí, ninguno borrado, mostrando exactamente cómo organizaba la ayuda en municipios incomunicados donde no había luz, ni agua, ni autoridades, ni nadie al mando.
Ángel lo vio todo: muerte, destrucción, caos, y sobre todo, vacío institucional. No había ni ayuntamiento, ni Generalitat, ni ministerios. No había nadie. Y como él mismo dice, “era ayudar a tu vecino, a tu compatriota, a un ser humano que estaba muriéndose ahí.”
Y hoy, un año después, ¿qué recibe?
Inspecciones de Trabajo enviadas por quienes debían agradecerle lo que hizo. Intentos de hundirle a base de multas. Denuncias inventadas sobre “enterrar coches”. Hostigamiento. El absurdo de tener que dar de alta a voluntarios porque les caían inspecciones mientras cargaban camiones de ayuda humanitaria.
Cuando Ángel dice “tenemos a los más tontos de la clase gobernándonos”, no lo dice para provocar: lo dice con conocimiento de causa. Lo dice después de ver cómo en una tragedia de muertos, amputaciones, infecciones, coches arrastrados y barrios enteros en ruinas, los responsables políticos estaban comiendo, posando o diciendo por televisión que “hoy no tendrían cobertura”.
Para Ángel, la política es algo claro:
“Da asco. Los capacitados no quieren entrar porque saben que no podrían cambiar nada: o me matan o los mato yo.”
Y por desgracia, lo argumenta con precisión quirúrgica:
– “Tenemos a los más tontos de la clase porque los preparados no quieren entrar.”
– “Un presidente que miente desde que se levanta hasta que se acuesta.”
– “Marionetas que solo buscan votos, no salvar vidas.”
Y aún así, este hombre donó más de medio millón de euros para ayudar. Y dice que lo volvería a hacer. Sigue vistiendo igual, sigue trabajando, sigue ayudando en silencio, sin premios, sin actos públicos, sin fotos. De hecho, rechazó decenas de homenajes porque solo uno le importa: el de la gente que salvó y la que se lo agradece cada vez que vuelve a Valencia. Para él, ese cariño vale más que cualquier medalla política.
Lo más duro es escucharle recordar que aún hay familias sin ayudas, coches desaparecidos, reformas cobradas y no hechas, y zonas donde todavía nadie ha dado explicaciones. Y cuando alguien como él señala esto, cuando alguien dice “no había nadie al mando”, automáticamente se activa la maquinaria de destrucción mediática.
Y mientras tanto, los responsables de no haber gestionado nada siguen ahí, posando en funerales donde, según Ángel, “no pintaban nada, porque ellos fueron parte de la causa de esas muertes”.
Ángel Gaitán no es perfecto. Tampoco pretende serlo. Pero es de los últimos españoles que todavía hacen, sin pedir nada a cambio.
Y cuando alguien así habla tan claro, lo mínimo es escucharle.

