Inés Hernand blanquea a ETA en la televisión pública y desata la indignación de las víctimas
Lo que ocurrió en Televisión Española con Inés Hernand es de una gravedad extrema. En plena Academia de Operación Triunfo, ante jóvenes que desconocen buena parte de nuestra historia reciente, Hernand afirmó que “la izquierda abertzale vasca era pacifista” y que había que escuchar su relato porque todo se ha simplificado demasiado.
Escuchar esto en una televisión pública que pagamos entre todos, y que debería ser un servicio de rigor, es un insulto a las víctimas del terrorismo. Y no lo digo yo solo. Lo dijo con una contundencia demoledora el analista político Carlos Marcos, que recordó lo que cualquier español decente sabe:
“Esto es para que la Fiscalía abra una causa por apología del terrorismo.”
Tiene razón. ¿Cómo puede una presentadora financiada con dinero público minimizar el legado criminal de quienes secuestraban, asesinaban, ponían tiros en la nuca y tenían a este país aterrorizado durante décadas? ¿Cómo se puede permitir blanquear a quienes justificaron cientos de asesinatos mientras todavía hoy sobreviven familias destrozadas por la violencia?
En este país, cualquiera puede equivocarse. Pero lo de Hernand no es una equivocación. Es la normalización ideológica de un relato que el Gobierno y sus satélites mediáticos llevan tiempo intentando imponer: convertir a ETA en una página confusa del pasado, diluir responsabilidades y presentar a la izquierda abertzale como un movimiento “social” que tuvo malas decisiones.
La televisión pública no está para eso. No está para reeducar a los jóvenes en una versión adulterada de nuestra historia. Está para informar con rigor, para proteger la memoria democrática y para evitar que se manipule lo que costó tantos años superar.
Lo que vimos es otra muestra de la colonización del espacio público por parte del poder. Una televisión que cuesta 1.300 millones de euros al año y que, en lugar de servir a los españoles, sirve al Gobierno y a sus intereses. El resultado es este:
tertulianos que reescriben la historia y presentadoras que banalizan el terrorismo en prime time.
Con las víctimas de ETA no se juega.
Con su memoria, menos aún.

