«La tiranía sigue en Venezuela, pero ya dimos el primer paso para la liberación»

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Entre el análisis político y la geoestrategia hay una dimensión que nunca puede perderse: la humana. Azabache habla desde ahí. No desde el cálculo, sino desde la experiencia vital de quien ha visto cómo un país entero era secuestrado por una organización criminal.

Su intervención no busca aplausos ni titulares fáciles. Busca recordar lo esencial: lo ocurrido es histórico, sí, pero Venezuela aún no es libre.

Azabache lo deja claro desde el primer momento: lo que se ha producido no es una liberación, es una extracción. El tirano salió, pero la tiranía permanece. El régimen sigue dentro del país, operando, reprimiendo, controlando.

Y aun así, algo decisivo ha cambiado: el miedo ha empezado a romperse.

Por primera vez en años, la gente en Venezuela aplaude desde los balcones, rompe carteles del régimen, grita de alegría, se permite gestos que hasta hace días eran impensables. Gestos pequeños, pero en un sistema totalitario, inmensos.

Azabache insiste en algo que no puede maquillarse:
siguen existiendo más de mil presos políticos. Personas torturadas, incomunicadas, usadas como fichas de cambio. El régimen ha liberado a algunos, pero ha detenido a otros. La puerta giratoria represiva sigue funcionando, como en Cuba.

El primer paso no es el final

Para Azabache, lo ocurrido marca un antes y un después, pero no el desenlace. El primer paso siempre es el más difícil, y ese paso ya se ha dado. El mito de la impunidad absoluta se ha roto. El régimen ya no es intocable.

Pero eso no significa victoria. Significa responsabilidad. Significa no bajar la guardia. Significa no confundir la salida de un hombre con la caída de una estructura criminal que lleva décadas enquistada en el Estado.

Azabache lo expresa con crudeza:
esto no es una lucha contra un presidente, es una lucha contra una mafia. Y las mafias no se disuelven con gestos simbólicos ni con celebraciones prematuras.

En las calles de Venezuela no hubo protestas contra la operación estadounidense. Hubo aplausos, gritos de alegría, ventanas abiertas, carteles arrancados. El país pasó, en cuestión de horas, del miedo al silencio impuesto a una celebración contenida pero real.

Ese cambio de actitud es un dato político de primer nivel. Muestra que el régimen ya no controla emocionalmente a la población como antes. Y eso, en cualquier proceso de liberación, es una grieta decisiva.

Azabache concluye con una advertencia que resume todo el momento histórico:
la tiranía sigue, pero ya no es invencible.

El primer paso está dado.
Ahora empieza la parte más difícil.

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