«El dinero sí tiene ética: hay países y personas con las que no se puede hacer negocios jamás»

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En medio de cifras, intereses y discursos edulcorados, José Luis Rancaño, productor de cine, introduce una idea que hoy resulta casi subversiva: el dinero no es neutral. Tiene ética. Y hay países, gobiernos y personas con las que no se debería hacer negocios jamás, aunque sea legal, rentable o conveniente.

No es una reflexión teórica. Es una advertencia basada en lo que ocurre cuando Europa decide mirar hacia otro lado mientras narcoestados y dictaduras compran voluntades, blanquean su imagen y colocan su dinero en democracias occidentales.

Cuando el negocio sustituye a los principios

Rancaño lo dice sin rodeos: detener vivo a Maduro para juzgarlo es un mensaje civilizatorio, pero llega tarde. Durante años, muchos hicieron negocios con el régimen venezolano, sabiendo perfectamente de dónde venía ese dinero y qué sufrimiento había detrás.

Aquí está el núcleo del problema: cuando el dinero manda, los valores estorban. Y así se normaliza lo inaceptable. Se relativiza el narcotráfico, la represión, la miseria provocada. Todo cabe si hay contratos de por medio.

El narcoestado no se queda en sus fronteras

El error, explica Rancaño, es creer que lo que pasa en Venezuela se queda en Venezuela. No es así. El dinero del narco cruza fronteras, compra propiedades, empresas, influencia política y silencio mediático. España no es ajena a esto.

Cuando se acepta ese dinero, no solo se blanquea capital: se blanquea un régimen. Se le da oxígeno. Se prolonga su capacidad de hacer daño.

Legalidad no es legitimidad

Uno de los puntos más contundentes de su reflexión es este: la legalidad internacional no equivale a legitimidad moral. Durante décadas, el derecho internacional ha protegido a los Estados, no a las personas. Por eso siguen existiendo dictaduras, aunque sean formalmente legales.

Rancaño plantea una pregunta incómoda pero necesaria:
¿de qué sirve respetar escrupulosamente la legalidad si eso implica abandonar a pueblos enteros a su suerte?

El espejo europeo

La conversación deriva inevitablemente hacia Europa. La equidistancia, el lenguaje tibio, la obsesión por no molestar a nadie. Mientras tanto, regímenes criminales avanzan y las democracias se vacían por dentro.

Rancaño no habla solo de Venezuela. Habla de un patrón. El mismo que ha permitido que la ética desaparezca del debate económico. El mismo que convierte la libertad en una palabra decorativa.

El dinero sí tiene ética.
Y cuando se olvida, no se construye prosperidad, se construye decadencia.

Hay negocios que no deberían hacerse nunca.
Hay regímenes a los que no se les puede dar la mano sin mancharse.

Negarlo no es pragmatismo.
Es complicidad.

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