Dulce Bravo: “No se negó la tortura, se negó la competencia”
Hay entrevistas que no se olvidan. Y esta es una de ellas. Dulce Bravo no habla por ideología, habla porque sobrevivió. Porque fue secuestrada, torturada, humillada y amenazada de muerte por el aparato represor del chavismo. Y porque hoy, desde el exilio, sigue señalando a los responsables con nombres y apellidos.
Escucharla produce escalofríos. No por exageración, sino por precisión. Porque ella estuvo allí. Porque lo tuvo delante. Porque puede describir cada paso del horror. Y porque mientras algunos intentan blanquear el pasado, ella recuerda que no hay transición posible sobre la impunidad.
Me parece imprescindible aclararlo, como ella misma hace: la Audiencia Nacional española no negó las torturas. Lo que dijo —y algunos medios tergiversaron— es que no tenía competencia para juzgarlas. Es una diferencia enorme. Y decisiva.
Dulce Bravo fue la primera presa política del chavismo, recluida en una cárcel militar para hombres. Durante su detención fue torturada durante tres días, trasladada a distintos edificios, amenazada con armas en la boca y obligada, bajo coacción, a firmar documentos falsos en los que se afirmaba que no había sido maltratada.
Según su testimonio, Miguel Rodríguez Torres, entonces alto cargo del régimen, dio las órdenes directas. Ella lo tuvo cara a cara. Relata insultos, humillaciones sexuales y amenazas constantes. “Me llamó perra, zorra, todo lo que se le pasaba por la mente”, explica.
Tras las torturas, tanto ella como otros detenidos fueron obligados, a punta de pistola, a firmar documentos donde se aseguraba que se habían respetado sus derechos y que no existieron malos tratos. Todo ello bajo la supervisión directa de los responsables del centro de detención.
Dulce Bravo es autora del libro “Una protección más allá del entendimiento”, donde afirma que las pruebas no son recortes de prensa, sino documentación real, hechos contrastables y testimonios verificables. Ese material forma parte de una querella viva, que no ha sido rechazada, y a la que nuevas víctimas se están sumando.
En su intervención, Dulce insiste en un punto clave: la Audiencia Nacional española nunca negó la existencia de torturas. La resolución se limitó a una cuestión de competencia jurisdiccional, extremo que ha sido recurrido y está pendiente de resolución.
Actualmente, denuncia que Rodríguez Torres vive en España, libre, mientras existen más de 300 víctimas documentadas de su etapa al frente del aparato represor. También alerta de planes políticos que pretenden presentarlo como figura de transición en Venezuela, algo que considera inaceptable y peligroso.
“Los criminales tienen que ser juzgados. No pueden burlarse del mundo diciendo ahora que son oposición”, afirma. Y añade que el perdón solo puede ser divino, pero que en la tierra los crímenes se pagan.
Dulce Bravo sigue en el exilio, pero mantiene la esperanza de regresar algún día a su país. Cree que la justicia llegará, en Venezuela y fuera de ella. Y recuerda que callar hoy sería volver a ser cómplice.
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