Bendala carga contra la UME: “No sabe apagar incendios forestales”
Francisco Bendala fue directo, incómodo y contundente. Su denuncia sobre la UME y la gestión de los incendios forestales no dejó espacio para la ambigüedad: “La UME no sabe apagar incendios forestales”.
No lo dijo como una frase de tertulia. Lo explicó como un problema operativo, militar y político. A su juicio, la Unidad Militar de Emergencias se ha convertido en una estructura demasiado dependiente de la cadena de mando, demasiado condicionada por la política y poco eficaz cuando se trata de combatir un fuego real en el monte.
La imagen que describió el programa es demoledora: vecinos trabajando, bomberos intentando actuar, pueblos defendiendo sus casas y, al mismo tiempo, vídeos de efectivos parados, mirando o esperando instrucciones.
La burocracia mata la eficacia
Bendala explicó uno de los grandes problemas: la UME no actúa con la agilidad que exige un incendio forestal. Cuando un técnico o un ingeniero necesita mover brigadas de un punto a otro, la decisión se atasca en mandos, autorizaciones y jerarquías.
En un fuego, minutos pueden significar hectáreas. Una orden que llega tarde no sirve. Un traslado que se autoriza cuando el frente ya ha cambiado es inútil.
La crítica de Bendala es esa: una estructura pensada para obedecer órdenes puede fallar cuando la emergencia exige iniciativa inmediata, conocimiento del terreno y capacidad de reacción.
Por eso sostuvo que la UME puede tener medios, uniformes y presencia mediática, pero eso no significa que sepa apagar incendios forestales.
Una unidad nacida bajo Zapatero
Bendala fue más allá y cuestionó el origen político de la propia UME. Recordó que fue creada durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y sostuvo que nació con un problema de fondo: desviar recursos, espíritu y función de las Fuerzas Armadas.
Su frase fue especialmente dura: la UME se habría formado para “castrar a las Fuerzas Armadas”. Según Bendala, no tiene el mismo espíritu militar que otras unidades operativas y ha contado con sueldos, medios y presupuestos proporcionalmente superiores a los de unidades tradicionales como la Legión, paracaidistas u otras fuerzas de combate.
Esa crítica no va dirigida al soldado individual que cumple órdenes, sino al diseño político de la unidad y al uso que se hace de ella.
Servir al pueblo o servir al partido
El punto central de la intervención de Bendala fue la dependencia política. A su juicio, la UME no puede funcionar correctamente si sus mandos actúan pensando en quién los designa, quién los cesa o qué orden política deben obedecer.
La pregunta de fondo es brutal: ¿a quién se deben? ¿Al pueblo español que está viendo arder sus casas, sus montes y sus pueblos? ¿O al mando político que les dice que se limiten a perimetrar, evacuar y esperar?
Bendala planteó que mientras no haya una “catarsis interna”, mientras no se asuma que la prioridad debe ser servir a los españoles y no al partido que gobierna, el problema seguirá.
Y esa denuncia enlaza con una idea que atraviesa todo el programa: España no puede gestionar emergencias como si fueran expedientes administrativos.
Kamov, Canadair y una España sin medios suficientes
Bendala también puso el foco en los medios materiales. Habló de los helicópteros Kamov, considerados por su capacidad de carga una herramienta muy eficaz contra incendios, y denunció que España se ha quedado sin poder utilizarlos plenamente por las sanciones y la falta de recambios rusos.
El contraste con Portugal fue especialmente duro. Mientras España habría quedado bloqueada, Portugal habría buscado fórmulas para mantener operativos aparatos similares mediante acuerdos con compañías ucranianas.
La conclusión es evidente: otros buscan soluciones; España se resigna.
También se habló de los hidroaviones Canadair, los clásicos aparatos amarillos de extinción. Bendala recordó que España trabaja con un modelo antiguo, llegado en los años setenta, y que la flota se ha reducido de forma preocupante. Según los datos expuestos en el programa, de una capacidad mucho mayor se habría pasado a apenas siete unidades operativas.
En un país que arde cada verano, esa falta de medios no es un detalle. Es una irresponsabilidad.
No basta con evacuar
El modelo actual parece reducir la gestión del fuego a evacuar, confinar y esperar. Bendala lo rechaza. Como también se recordó en el programa, antes existía una cultura de colaboración ciudadana frente al fuego. Vecinos, agricultores, ganaderos y pueblos enteros sabían que la extinción era una tarea común.
Ahora se aparta a la gente, se les impide entrar, se les multa y se les deja viendo por televisión cómo se queman sus casas o sus campos.
Eso no es proteger. Eso es abandonar.
La intervención de Bendala fue valiosa porque puso nombre a un problema que muchos ciudadanos intuyen: España tiene estructuras, uniformes y ruedas de prensa, pero no siempre tiene eficacia real sobre el terreno.
Una emergencia nacional exige verdad
La conclusión es incómoda, pero necesaria: si la UME no está funcionando como debería, hay que decirlo. Si faltan medios, hay que decirlo. Si las decisiones políticas están condicionando la extinción, hay que decirlo. Y si España está peor preparada que otros países de nuestro entorno, hay que decirlo también.
Bendala no pidió maquillaje. Pidió responsabilidad. Y en un país que ve arder sus montes, sus pueblos y su futuro rural, esa responsabilidad ya no puede esperar.

