El discurso del Rey y la España que no se vio reflejada
El discurso de Navidad del Rey dejó algo claro: existe una desconexión profunda entre la Jefatura del Estado y una parte muy significativa de la España real. No fue solo una cuestión de tono. Fue de enfoque, de prioridades y de ausencia.
Escuché un mensaje preocupado por los “extremismos”, por la desinformación y por una supuesta crisis de confianza, pero sin una sola referencia clara a los problemas que hoy asfixian a millones de españoles: corrupción estructural, empobrecimiento, deterioro institucional, uso partidista del poder y descrédito de la justicia.
El resultado fue uno de los discursos navideños con peor audiencia de la historia. Y eso no ocurre por casualidad.
El Rey no está para poner miedo en el cuerpo a los ciudadanos ni para repetir los marcos conceptuales del poder político. Está para representar, unir y dar estabilidad. Cuando se apela al miedo como argumento —“cuidado con los extremismos”— se utiliza una técnica clásica: pedir al ciudadano que acepte cualquier cosa con tal de que nada cambie. Y eso no es liderazgo.
Hubo también un problema simbólico. La bandera relegada, el escenario frío, el mensaje aséptico. Ni desde el punto de vista estético se transmitió solemnidad. Parecía un discurso pensado para agradar a élites abstractas, no para hablarle al pueblo español con su historia, sus tradiciones y sus problemas concretos.
Una monarquía solo tiene sentido si encarna la continuidad histórica y cultural del país. Sin arraigo, sin tradición, sin identificación emocional, se convierte en una institución vacía. Y cuando el Rey parece más alineado con el discurso del establishment que con la realidad social, se debilita la propia institución que representa.
No fue solo decepción. Fue una oportunidad perdida. Y cuando las oportunidades se pierden una tras otra, la desconexión deja de ser coyuntural y pasa a ser estructural.
España no necesita discursos neutros ni advertencias abstractas. Necesita claridad, presencia y verdad. Y eso, esta vez, no llegó.
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