El linchamiento mediático de La Sexta a Los Meconios
Lo que ocurrió con Los Meconios en las fiestas de Arganda del Rey no es una anécdota navideña ni una polémica menor. Es un caso de manual de manipulación mediática, de esos que conviene dejar por escrito porque retratan mejor que cualquier editorial cómo funciona hoy una parte de la televisión en España.
Un grupo musical actúa en unas fiestas públicas. Canta villancicos, canciones festivas y humorísticas. Isabel Díaz Ayuso sube al escenario, como hacen tantos cargos públicos en celebraciones populares. Hasta aquí, normalidad democrática. A partir de ahí, La Sexta decide fabricar un relato: grupo “afín a la ultraderecha”, “mensajes de odio”, “fascismo camuflado”, “blanqueamiento”.
No informan. Señalan. Y cuando un medio señala, sabe perfectamente lo que hace. Porque no se trata solo de una etiqueta. Se trata de poner una diana.
He hablado con los propios músicos. No militan en ningún partido. No reciben consignas. No llaman a la violencia. No hay un solo mensaje literal de odio en sus canciones. Lo que hay es crítica política, sátira, ironía y una defensa explícita de la libertad para decir lo que a uno le dé la gana. Exactamente lo mismo que hicieron los cantautores durante el franquismo, solo que ahora el poder decide qué crítica es aceptable y cuál no.
La operación es burda. Se reciclan bulos de 2022, se tergiversan letras que cualquiera puede leer, se ocultan explicaciones ya dadas y se construye un marco ideológico prefabricado. Todo con dos objetivos claros: atacar a Ayuso y golpear indirectamente a Vox, aunque los protagonistas no tengan relación orgánica con ningún partido.
Lo más grave no es la mentira. Es el riesgo que genera. Porque cuando un medio de gran audiencia acusa de fascismo y odio a personas concretas, hay quien se siente legitimado para actuar. Los músicos lo han contado: amenazas, mensajes intimidatorios, insultos. Eso sí es peligroso. Eso sí es irresponsable.
Y luego está la paradoja que les descoloca: cada ataque les da más apoyo. Porque la gente no es idiota. Porque cuando la televisión exagera, caricaturiza y miente, pierde credibilidad. Y por eso cada vez más jóvenes ya no se informan por las cadenas generalistas. No es un problema de las redes. Es un problema de ellos.
Esto no va de Meconios. Va de algo mucho más serio: quién decide qué se puede decir en España y quién no. Y cuando un medio renuncia a informar para convertirse en actor político, deja de ser prensa y pasa a ser otra cosa.
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