El PSOE arrasa con el voto de los españoles en el extranjero: una anomalía que ya no es casual
Hay resultados electorales que llaman la atención. Y hay otros que, cuando se repiten una y otra vez, obligan a hacer preguntas incómodas. Lo que está ocurriendo con el voto de los españoles residentes en el extranjero ya no es una curiosidad estadística: es un fenómeno que empieza a alterar el equilibrio democrático.
Esto no lo digo yo. Lo expone con datos Gabriel Araújo, y lo que muestra merece ser escuchado con calma.
No estamos hablando de una victoria ajustada. Estamos hablando de que el PSOE arrasa sistemáticamente en el voto exterior, incluso en territorios donde pierde con claridad el voto presencial dentro de España.
Cuando un partido pierde en las urnas nacionales pero gana de forma holgada fuera, algo no encaja. Y cuando ese patrón se repite en Aragón, Extremadura y otras comunidades, deja de ser una excepción.
El problema no es solo quién gana. El problema es quién controla el proceso, cómo se gestiona y por qué nadie lo revisa.
Según expone Gabriel Araújo, desde 2023 se observa un crecimiento anómalo del voto CERA favorable al PSOE. En el caso de Aragón, el PSOE obtuvo aproximadamente un 50 % más de votos que el PP entre los españoles residentes en el extranjero. Una diferencia muy superior a la habitual.
Este mismo patrón se ha repetido en Extremadura, y todo apunta a que podría reproducirse en futuras citas electorales si nada cambia.
La clave está en el censo electoral. A partir de la aplicación expansiva de la Ley de Memoria Histórica, se han producido nacionalizaciones masivas de descendientes de españoles en países como Argentina, México o Cuba. El resultado es que millones de nuevos votantes han sido incorporados al censo en muy poco tiempo.
El dato más llamativo es este: Buenos Aires se ha convertido en la tercera “ciudad española” en número de electores, solo por detrás de Madrid y Barcelona. Más votantes que Valencia o Bilbao. Un hecho que, por sí solo, debería encender todas las alarmas.
Este voto se ejerce principalmente en embajadas y consulados, bajo la supervisión directa del Ministerio de Asuntos Exteriores. Según los expertos, es un voto mucho más vulnerable a presiones, orientación o manipulación, al realizarse de forma presencial y sin los controles equivalentes al voto nacional.
A todo ello se suma otro elemento clave: el escrutinio definitivo no revisa de forma generalizada las actas. Una semana después de las elecciones, no se abren los sobres ni se cotejan los resultados mesa a mesa, salvo reclamaciones puntuales. En la práctica, los datos provisionales se convierten en definitivos sin auditoría real.
Conclusión
Hoy el voto exterior no decide por sí solo unas elecciones, pero va camino de hacerlo si la tendencia continúa. Y lo hará sin que exista un organismo electoral independiente, sin revisión exhaustiva y con el control del proceso en manos del propio Gobierno.
No se trata de cuestionar el derecho al voto de nadie.
Se trata de garantizar que cada voto vale lo mismo y se controla igual.
Porque cuando el resultado depende cada vez más de un voto opaco, externo y no auditado, la democracia se debilita, aunque las urnas sigan llenándose.
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