El PSOE ha creado una policía política como hacen las peores dictaduras
Cuando la policía deja de investigar al poder y pasa a protegerlo, la democracia entra en fase crítica. Eso es exactamente lo que, según denuncia Luis María Pardo, está ocurriendo en España: la creación de una policía política, una herramienta típica de regímenes autoritarios, no de estados de derecho.
No es una exageración retórica. Es una descripción funcional de lo que sucede cuando las unidades incómodas se apartan y las controlables asumen los casos sensibles. El resultado es siempre el mismo: impunidad para el poder, indefensión para el ciudadano.
UDEF, UCO y el control del resultado
Pardo lo explica con claridad.
En el caso Plus Ultra, que salpica de lleno a José Luis Rodríguez Zapatero y al entorno del Gobierno, la investigación no recae en la UCO, la unidad históricamente más independiente y eficaz, sino en la UDEF, una unidad que —según múltiples fuentes— lleva años sometida a una fuerte politización.
No se trata de señalar a los agentes.
El problema está en los mandos y en quién decide qué se investiga y hasta dónde.
Según Pardo, si la UCO hubiera llevado este caso, la situación procesal de Zapatero no sería la actual. Como mínimo, habría declarado ya. Como máximo, estaría imputado o detenido.
La policía política no necesita órdenes escritas
Una de las claves más inquietantes es esta: no hacen falta órdenes explícitas.
La policía política funciona por incentivos, silencios y carreras profesionales.
Quien incomoda, se aparta.
Quien protege, asciende.
El resultado es un aparato policial que deja de servir a la ley y empieza a servir al poder político, exactamente igual que en las peores dictaduras, donde la policía no persigue delitos, sino disidencias.
Consecuencias para el Estado de derecho
Pardo advierte de algo esencial:
cuando los ciudadanos perciben que la justicia no actúa igual para todos, el sistema pierde legitimidad.
Y cuando eso ocurre, el daño es estructural.
No es solo Zapatero.
No es solo Plus Ultra.
Es el precedente.
Hoy es un expresidente.
Mañana, cualquiera que moleste al poder.
Una democracia no muere de golpe.
Se vacía poco a poco, cuando la policía deja de investigar y la justicia deja de actuar.
Si España ha entrado ya en la fase de policía política, como denuncia Luis María Pardo, la pregunta no es si estamos ante una deriva autoritaria, sino cuánto tiempo se permitirá.
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