Hackers vinculados al Partido Comunista Chino intentan silenciar a medios incómodos

Compártelo:

Hay cosas que no ocurren por casualidad. Y cuando alguien intenta callarte, normalmente es porque estás tocando algo que molesta. Esta semana hemos conocido un hecho gravísimo que merece toda la atención: Sandra Flores, directora de The Epoch Times, ha denunciado que su medio ha sido objeto de ataques informáticos procedentes de hackers vinculados al Partido Comunista Chino.

No hablamos de rumores ni de suposiciones vagas. Hablamos de ataques dirigidos, reiterados, con un objetivo claro: impedir que se publique información incómoda. Silenciar. Bloquear. Asfixiar.

Sandra Flores lo explicó con claridad: los ataques buscan impedir que el medio pueda trabajar y difundir contenidos críticos, especialmente aquellos relacionados con el régimen chino. No es una casualidad técnica ni un fallo aislado. Es una forma de censura moderna, digital, silenciosa, pero extremadamente eficaz.

Este tipo de operaciones no son nuevas. El Partido Comunista Chino lleva años utilizando el ciberespacio como campo de batalla: espionaje, sabotaje informativo, presión tecnológica y persecución digital de disidentes y medios incómodos. Lo novedoso es que ahora estos ataques afectan directamente a medios que operan en Occidente y que ejercen su labor periodística con libertad.

Lo que denuncia Sandra Flores no es un problema interno de una redacción. Es una advertencia. Porque cuando un medio independiente es atacado por publicar información incómoda, lo que está en juego no es solo su web o su servidor: está en juego la libertad de prensa.

Estos ataques buscan generar miedo, desgaste, autocensura. Que publicar salga caro. Que informar tenga consecuencias. Que otros tomen nota y bajen el tono. Es la lógica del autoritarismo exportada al mundo digital.

Y conviene decirlo alto y claro: no estamos hablando de teorías. Estamos hablando de hechos denunciados públicamente por la directora de un medio internacional. Hechos que encajan con una estrategia conocida de presión del régimen chino contra voces críticas, tanto dentro como fuera de sus fronteras.

La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿qué ocurre cuando una dictadura puede intentar silenciar medios extranjeros sin consecuencias? ¿Qué protección tienen los periodistas frente a este tipo de agresiones digitales? ¿Quién responde cuando el ataque no es una bala, sino un teclado?

La censura ya no necesita cerrar redacciones ni encarcelar reporteros. Basta con tumbar servidores, bloquear accesos o sabotear sistemas. Es más limpio. Más discreto. Y, por eso mismo, más peligroso.

Desde aquí, lo digo con claridad: si atacan a un medio por informar, nos atacan a todos. Y si normalizamos que potencias extranjeras interfieran en la libertad de prensa, estamos aceptando una deriva muy seria.

El periodismo no puede vivir con miedo. Y mucho menos puede aceptar que el silencio se imponga por la fuerza tecnológica. Contarlo es una obligación. Aunque moleste. Aunque incomode. Aunque intenten apagarlo.

💬 Tu opinión cuenta: participa en los comentarios

Suscríbete ahora para no perderte nada

Recibe cada semana las noticias que otros prefieren ocultarte.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

Compártelo:

Más noticias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.