No nos quiten la Navidad: borrar la identidad para no ofender
Estamos viviendo algo que jamás pensé que tendría que denunciar: el intento sistemático de borrar nuestras tradiciones. La Navidad ya no es Navidad, ahora es un “descanso de trimestre”. La Semana Santa se diluye en el calendario para no molestar. Todo en nombre de una supuesta neutralidad que solo se aplica en una dirección.
En Barcelona desaparece el pesebre de la plaza de Sant Jaume. En comunidades gobernadas por PSOE y también por PP se evita hablar de Navidad para no incomodar a terceros. Aquí no se integra a quien llega, se obliga al que está a desaparecer. Es justo lo contrario de lo que dicta el sentido común.
Mientras se arrinconan nuestras fiestas, la Comisión Islámica envía instrucciones directas a profesores, marca ausencias escolares, condiciona normas internas y dicta lo que se puede y no se puede hacer en centros públicos. Imaginen por un momento que fuera la Conferencia Episcopal quien hiciera lo mismo. Arderían las calles.
Todo esto se financia con dinero público, millones de euros al año, mientras se retiran símbolos, se relativiza la identidad cultural y se normaliza que no podamos llamar a las cosas por su nombre. Navidad es Navidad. Semana Santa es Semana Santa. No son conceptos ofensivos, son parte de lo que somos.
Lo más grave es el fondo del mensaje: para no ofender, debemos renunciar a nuestra identidad. Y eso no es convivencia, es sumisión cultural. España necesita cambios urgentes, sí, pero no para desaparecer, sino para defender sus derechos, su cultura y el derecho básico a estar informados sin filtros ideológicos.

