«Pedro Sánchez es capaz de montar un falso golpe de Estado o de fingir que le han envenenado»

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Hay momentos en los que la política deja de ser política y entra en el terreno de la psicología del poder.
Y cuando eso ocurre, conviene escuchar a quien analiza conductas, no consignas.

Lo que planteó en este programa Roberto Crobu, psicólogo, no fue una afirmación gratuita ni un titular buscado. Fue una hipótesis razonada, construida a partir de hechos, tiempos, lenguaje y patrones de comportamiento.

Y lo que dijo es inquietante:
Pedro Sánchez sería capaz de montar un falso golpe de Estado o incluso fingir un envenenamiento si eso le sirve para mantenerse en el poder.

El análisis de Roberto Crobu

Crobu parte de una observación clara:
la desclasificación parcial y sesgada de documentos del 23F no responde a un interés histórico, sino estratégico.

Se utilizan conceptos actuales —ultraderecha, bulos, desinformación— para reinterpretar hechos de hace 45 años, creando un clima emocional trasladable al presente.
No es historia. Es reprogramación del relato.

Según Crobu, este tipo de maniobras sirven para generar:

– Sensación de amenaza
– Clima de excepción
– Necesidad de liderazgo fuerte
– Justificación de medidas extraordinarias

El escenario extremo

Crobu plantea varias hipótesis. No afirma. Analiza.

Una de ellas es demoledora:
la posibilidad de fabricar un escenario de crisis nacional —un falso golpe, un atentado de falsa bandera, una amenaza grave— que permita no convocar elecciones por motivos de seguridad.

Otra, aún más perturbadora, es la del envenenamiento fingido.

Crobu explica que, según informaciones que circulan en entornos de poder, el propio Sánchez estaría convencido de que lo han intentado envenenar. No como hecho probado, sino como creencia obsesiva.

La psicología del perseguido

Aquí entra el análisis clínico, no político.

Crobu describe un patrón clásico:
cuando una persona sabe que ha hecho algo mal, empieza a ver enemigos por todas partes.
Siente que cualquiera puede traicionarle.
Interpreta cualquier síntoma físico como una amenaza externa.

Se citan ejemplos históricos:
líderes que, para mantenerse en el poder, desarrollaron manías de persecución, convencidos de que todos conspiran contra ellos.

No porque conspiren.
Sino porque la culpa no descansa.

El uso político del miedo

Lo relevante no es si estas hipótesis se cumplen.
Lo relevante es que encajan.

Encajan con:

– El retraso calculado en responder a informaciones incómodas
– El uso sistemático del insulto en lugar del desmentido
– La construcción constante de enemigos
– La apelación al caos como coartada

Como dijo Crobu, no hace falta un golpe real.
Basta con sugerirlo.
Basta con hablar de él.
Basta con sembrar la idea.

El cierre más inquietante

Crobu deja una reflexión final que debería preocuparnos a todos:

Si se acostumbra a la sociedad a vivir en estado de amenaza permanente,
si se normaliza el miedo,
si se acepta que todo vale “por seguridad”,

entonces la democracia deja de ser democracia sin que nadie dispare un solo tiro.

Y ese es el golpe perfecto.

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