Pepe Rosiñol: “Pedro Sánchez ya está desesperado y pone en marcha acciones sin sentido”
Hay un momento en la vida política en el que el poder deja de actuar con cálculo y empieza a moverse por ansiedad. Para Pepe Rosiñol, ex presidente de Sociedad Civil Catalana y experto en opinión pública, Pedro Sánchez ha cruzado ya esa línea.
Lo que estamos viendo —advierte Rosiñol— no es una estrategia bien diseñada, sino una sucesión de decisiones impulsivas propias de un fin de ciclo. Cuando un presidente empieza a creer que los medios no cuentan “lo bien que lo hace su gobierno” y decide ponerse él mismo delante de la cámara, algo no va bien.
La idea de que Pedro Sánchez presente un programa semanal en Televisión Española no es anecdótica. Es, según Rosiñol, una señal clara de megalomanía política. La convicción de que todos están equivocados menos él. De que necesita “iluminar” a la ciudadanía desde un plató porque el pueblo no entiende su obra.
Ese planteamiento no es nuevo. Es propio de dirigentes que se sienten cuestionados, que perciben que el relato ya no cuaja y que reaccionan intentando controlar directamente el mensaje. Para Rosiñol, esto conecta con algo más profundo: una deriva autoritaria envuelta en paternalismo.
“No es que quiera informar”, viene a decir. Quiere dar lecciones. Quiere explicarnos por qué no entendemos la realidad, por qué votamos mal, por qué protestamos. El problema es que ese tono ya no funciona. Al contrario: provoca rechazo y hastío.
Rosiñol lo resume con crudeza: cuando un dirigente llega a este punto, empieza a cavar más hondo el agujero del que intenta salir. Lejos de recuperar credibilidad, multiplica el material para la crítica y el descrédito. Y la ciudadanía, que no es ingenua, percibe la desesperación.
No es una cuestión ideológica, insiste. Es una cuestión de psicología del poder. Todos los regímenes, democráticos o no, muestran patrones similares cuando se acercan a su agotamiento. El líder se coloca en el centro de todo, confunde el Estado con su figura y reacciona mal a la disidencia.
El problema —advierte Rosiñol— es que España no necesita un presidente presentador, ni un relato edulcorado en prime time. Necesita explicaciones, transparencia y respeto a una ciudadanía adulta. Justo lo contrario de lo que transmiten este tipo de iniciativas.
Por eso, lejos de fortalecer su posición, Sánchez da la impresión de estar perdiendo el pulso de la calle. Y cuando un gobernante ya no escucha, solo habla. Y cuando solo habla, el final suele estar más cerca de lo que cree.
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