Rafael Dávila: cuando el Rey queda fuera y España pierde Gibraltar
Hay declaraciones que no admiten rodeos. Y cuando las pronuncia un general de División, conviene escuchar con atención. Rafael Dávila fue claro, directo y contundente. Y lo hizo desde el conocimiento de quien ha estado dentro.
“La situación de Don Felipe es francamente difícil cuando ni siquiera el Presidente del Gobierno tiene despachos con él.”
No es una frase menor. Es un síntoma institucional grave.
Cuando el jefe del Estado queda al margen, cuando el presidente del Gobierno no despacha con el Rey, algo se ha roto. No es una cuestión personal. Es arquitectura del Estado. Es equilibrio de poderes. Es respeto institucional.
Y cuando ese respeto desaparece, la debilidad se proyecta hacia fuera. No es casualidad que, al mismo tiempo, España haya cedido posiciones estratégicas clave. Porque la política exterior y la defensa no se improvisan. Se sostienen con autoridad, coherencia y Estado. Y hoy faltan las tres.
Rafael Dávila señaló otro punto capital: Gibraltar.
“España ha hecho una entrega territorial y ha perdido el control del estrecho de Gibraltar. Era el mayor valor estratégico de nuestro país.”
El estrecho de Gibraltar no es un símbolo. Es un nudo geoestratégico de primer orden. Controla el paso entre el Atlántico y el Mediterráneo. Es defensa, es comercio, es seguridad nacional.
Según Dávila, España ha renunciado a ese control, perdiendo capacidad estratégica en una zona clave mientras otros actores refuerzan su presencia. No hablamos de teoría. Hablamos de pérdida real de influencia.
Cuando se suma un Rey sin interlocución efectiva y una cesión estratégica de primer nivel, el resultado es claro: un Estado debilitado en el peor momento posible.
No es alarmismo. Es diagnóstico.
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