Zapatero podría exiliarse en china
Llevo tiempo investigando los negocios de José Luis Rodríguez Zapatero con el régimen de Nicolás Maduro y su papel como lobista de intereses chinos en España, Europa y parte de Hispanoamérica. Hoy, los indicios apuntan a algo más grave: la preparación de un plan de escape.
Si finalmente la justicia española o la norteamericana imputan a Zapatero por sus negocios con Maduro, por cobrar comisiones en el rescate de Plus Ultra y por su intermediación internacional, China aparece como destino probable. No es una especulación gratuita. Es una hipótesis sustentada por hechos.
He contado cómo Marco Rubio llamó a Zapatero para pararle los pies cuando pretendía colocar empresas chinas en la Venezuela del “día después”. Estados Unidos dejó claro que China es un enemigo estratégico y que esa nueva Venezuela estaría supervisada. Aun así, el interés de Zapatero por asegurar un futuro fuera de España no ha disminuido.
Este vínculo con China no es nuevo. Arranca en 2004, cuando Zapatero, siendo presidente del Gobierno, introdujo a Huawei en todo lo que pudo. Desde entonces, se ha convertido en uno de los principales lobistas de empresas chinas. Huawei es el caso más visible: su jefe de seguridad en Moncloa acabó como jefe de seguridad de Huawei España; sus hijas trabajaron para la compañía; exministros y altos cargos pasaron por su órbita; y Antonio Hernando dejó la consultoría vinculada a Huawei para ser secretario de Estado de Telecomunicaciones. El lobo cuidando de las gallinas.
Pero no es solo Huawei. Zapatero ha trabajado para Quick Classer, gigante siderúrgico chino, y aparece vinculado a Gate Center, un centro en la calle Velázquez de Madrid que, según el CNI, podría operar como plataforma de intereses prochinos y espionaje. Allí figura como socio Fang Jong, colocado en estructuras internacionales y vetado para la nacionalidad española por motivos de seguridad nacional.
La conclusión es incómoda pero clara: Zapatero no ha tenido otro principio que el dinero. Fotografiarse con dictadores, blanquear regímenes y mover intereses estratégicos le ha servido para construir un plan B. Si ese plan pasa por vivir en China, no me sorprendería. Paseando por las calles de España, desde luego, no lo imagino.
Esta es la historia de un expresidente que ha traicionado de forma evidente los intereses del país que gobernó. Y si hoy Pedro Sánchez obedece, lo hace a cambio de monedas.
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