El 11M: La verdad silenciada sobre el chantaje de Marruecos y la complicidad política
El chantaje de Marruecos a España no comenzó con el caso Pegasus. No, eso es una cortina de humo. Las verdaderas raíces de esta estrategia de presión se hunden en el 11M, los atentados de Atocha. Así lo ha revelado el comisario José Manuel Villarejo en su nuevo libro, aportando detalles escalofriantes que, hasta ahora, habían permanecido ocultos. Un relato que nos obliga a mirar de frente a una verdad incómoda sobre quiénes fueron los verdaderos autores intelectuales y cómo se manipuló la verdad para cambiar el rumbo de nuestra nación.
Francia y Marruecos: Los cerebros detrás del 11M
Durante años, hemos escuchado versiones, teorías y especulaciones sobre el 11M. Pero lo que Villarejo desvela es mucho más que una teoría: es una acusación directa y pormenorizada. Según sus notas y documentos secretos, fueron las inteligencias francesa y marroquí las que diseñaron los atentados del 11 de marzo de 2004. Francia, sin duda, actuó como el cerebro de esta operación, con Marruecos como su «al látere» indispensable.
¿Cuál era el motivo? España, bajo el gobierno de José María Aznar, había logrado posicionarse como un aliado clave de Estados Unidos en el sur de Europa, un lugar que hoy ocupa Marruecos. Tras el «trío de las Azores» y el apoyo de Aznar a George Bush, la influencia francesa en el Mediterráneo se veía gravemente amenazada. La gota que colmó el vaso fue el incidente del islote de Perejil, donde Estados Unidos se posicionó claramente a favor de España y en contra de Marruecos, un revés inesperado para los intereses marroquíes que esperaban lo contrario. Francia se dio cuenta de que la continuidad del Partido Popular diluiría su poder en el Magreb.
Antes del atentado, Francia intentó dar un aviso. El presidente Giscard d’Estaing visitó urgentemente a Aznar, pero fue «ninguneado». Un hombre clave en aquel momento, el notario Félix Pastor Ridruejo, cofundador de Alianza Popular y mentor de Aznar, quien conocía bien los entresijos de la política francesa, advirtió a Aznar sobre la seriedad de las amenazas. Le dijo: «Oye, cuidado con esta gente que va en serio, que va en serio, estate en alerta y tal». Pero Aznar, confiado en el apoyo de Washington, no le hizo caso, incluso destituyendo a Pastor Ridruejo por una portada en El Mundo que alertaba sobre el riesgo de la foto de las Azores.
Marruecos, por su parte, llamó a consultas a su «papá Francia» y juntos prepararon la operación. Villarejo lo sentencia: «Ellos diseñaron la operación, Marruecos puso a la gente y nosotros pusimos los explosivos, lamentablemente.»
La negligencia, los explosivos y la destrucción de pruebas
El horror del 11M se cimentó, según el comisario, en una cadena de negligencias y decisiones deliberadas. En los restos de los atentados se encontraron dos tipos de explosivos. Uno de ellos, el que guardaba la Guardia Civil en sus depósitos, incautado a ETA y otros terroristas. La Guardia Civil, en absoluto, sabía que estaba cediendo explosivos para un atentado. Fueron engañados por los servicios de información franceses, que diseñaron una operación de entrega controlada para interceptar un grupo peligroso que traficaba con explosivos. Utilizaron confidentes de Asturias para facilitar una cantidad significativa de explosivos de los depósitos.
Pero la operación se torció. Los vehículos que transportaban a los terroristas marroquíes y los explosivos a Madrid, robados y balizados por la Guardia Civil, fueron interceptados en varias ocasiones. A pesar de ser vehículos robados y con un peso excesivo, se les permitió el paso porque estaban balizados. El problema es que «esas balizas fueron interceptadas por los franceses, anuladas y se perdió la pista de ellos al entrar en Madrid.» Esto explica la presencia de los dos tipos de explosivos, que llevó a la justificación oficial de «contaminación en el laboratorio». Ante la repetición de esta «contaminación», la solución fue aberrante: «destruir todos los restos», probablemente más por torpeza que por complicidad, intentando ocultar los errores.
Otro detalle brutal es que los terroristas marroquíes que colocaron las bombas tenían sus teléfonos intervenidos durante meses. Sin embargo, quince días antes de los atentados, no se habían escuchado esas conversaciones. ¿La razón? «No había dinero para traductores de árabe.» Una excusa que se desmorona al conocer que el problema era un «tema de índole sexual» entre el comisario general de información y una de las intérpretes, que fue despedida por celos. Sorprendentemente, a este sujeto lo premiaron luego con el puesto de jefe de seguridad de Iberia. Al director del CNI, que «supo perfectamente quién había sido los que habían preparado los atentados y hasta el último momento engañó al propio Aznar diciéndole que el tema era de ETA», también lo premiaron con una embajada significativa.
Es difícil de comprender que uno o dos países sean capaces de asesinar a casi 200 personas para desviar la política internacional. Pero, como afirma Villarejo, «cuando se trata de los intereses de un país, se utilizan todos los procedimientos que sean necesarios. Y las víctimas son víctimas colaterales, son el precio a pagar». Francia tiene un historial de operaciones violentas, como el atentado contra el barco de Greenpeace. En el libro se describen los agentes y la unidad especial «La Piscina» que intervinieron.
La manipulación del PSOE y el «peaje» de Zapatero
La operación no solo buscaba desestabilizar, sino también influir en el resultado electoral. El atentado se realizó un jueves. Las dudas iniciales, la aparición «milagrosa» de una mochila sin conectar y la nota en la mezquita de la M30 reivindicando la autoría árabe, todo ello fue una «técnica de ACTI Pro». Esto provocó que el sábado, con el asedio a la sede del Partido Popular en Génova, la gente votara «más con emoción que con lógica y con razonamiento». Una operación que, para Francia, era «fundamental y vital» y les salió bien, pues heredamos «a un señor Zapatero» y, más tarde, al actual presidente.
La pregunta del millón es: ¿Zapatero lo sabía? Aunque Villarejo no puede responder con rotundidad, sí apunta a indicios claros. Un año antes del 11M, en 2003, hubo un «ensayo» con ataques a intereses españoles en Marruecos, con suicidas marroquíes de origen francés. Previamente, Zapatero asistió a una «impresentable reunión» con el rey de Marruecos donde, detrás de él, había un mapa que mostraba el Sáhara y Ceuta y Melilla como territorio marroquí. Zapatero «lo permitió, lo admitió, probablemente por su carácter felón», plegándose a los intereses de Marruecos.
Después de los atentados y con la llegada de Zapatero al poder, tanto Francia como Marruecos «exigieron el pago de un peaje». Se olvidó la urgencia de averiguar la verdad y se concedieron privilegios. Una de las mayores constructoras españolas, Gesina, fue cedida a Francia. Se intentó ceder el BBVA, una operación que, afortunadamente, se consiguió paralizar. Además, la influencia del CNI en el Magreb se vino abajo, desapareciendo unidades importantes en Tánger y Casablanca, aunque sus agentes sí avisaron de la invasión del día 30, una alerta que ahora se les niega importancia.
Los negocios de Zapatero y el chantaje de Marruecos
La relación de Zapatero con Marruecos va más allá de la política. Un personaje clave es Khalil Binebine, un magnate multimillonario, «mano derecha de Mohamed VI», con pasaporte diplomático francés y estadounidense. Este empresario, hijo del bufón de Hassan II, se crio junto a Mohamed VI. Su madre llegó a ser ministra influyente.
Lo más revelador es que Khalil Binebine tenía una deuda con la Hacienda española de 4,3 millones de euros durante once años, desde 2015. Aparecía en el listado de morosos. De pronto, la deuda «se desvaneció» sin constancia de haber sido pagada. ¿Cómo? Khalil Binebine se acercó a Rodríguez Zapatero, y este lo colocó como miembro del Consejo asesor de Gate Center, una de sus empresas más lucrativas, con sedes en Madrid y Pekín. La coincidencia es sospechosa: Zapatero lo colocó en su empresa en 2022. Unos meses antes, el móvil de Sánchez fue investigado por Pegasus. Poco antes, Sánchez cambió su posición sobre el Sáhara Occidental. Y días antes, Zapatero visitó a María Jesús Montero, ministra de Hacienda, en abril de 2022, subiendo por el ascensor privado para no ser visto. ¿Le pidió un favor para su amigo Binebine?
Lo cierto es que Khalil Binebine es hoy la «mano derecha de Rodríguez Zapatero y el nexo que une los negocios de Zapatero con los negocios de Marruecos». Esto nos lleva a una pregunta inquietante: ¿queda algún alto cargo, exministro o expresidente del PSOE que tenga las manos limpias por no participar en una dictadura como la del sultán?
En definitiva, el primer chantaje de Marruecos a España no es Pegasus, es el 11M. Un «test de esfuerzo» que Marruecos y Francia orquestaron para ver «hasta qué punto España está decidida a volver a ganarle como le ganó siempre todas las batallas a Marruecos». Lamentablemente, hoy nos encontramos en una situación de «debilidad extrema», con una Corona vacía de contenido y sin la capacidad de defender los intereses nacionales.
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