La banda del Peugeot: Ábalos, Coldo y el último eslabón que teme el sanchismo
Hoy es uno de esos días que devuelven un poco de fe en el estado de derecho. Por fin vemos entre rejas a Ábalos y a Coldo, dos piezas clave de una trama que durante años denunció la prensa libre mientras muchos nos llamaban de todo. Y ahora… ahí están, durmiendo en prisión. Solo falta uno de la banda del Peugeot: el presidente del Gobierno.
Lo que hemos vivido en España no tiene antecedente desde la Transición. Un diputado del PSOE entra en prisión preventiva, el primero, porque Tito Berni jamás pisó celda. Pero Ábalos sí. Y no por una travesura administrativa: por corrupción, por malversar, por colocar a prostitutas en organismos públicos, por montar una falsa ONG con propiedades en Perú y España, por manejar dinero presuntamente ilícito a través de viajes constantes a lugares estratégicos como Gibraltar, Colombia, Guinea Ecuatorial y República Dominicana.
Su historia es la de un maestro de primaria que trabajó apenas tres meses y que desde los 24 años vivió del PSOE sin dar un palo al agua. Un profesional del cargo público. Un experto en no hacer nada salvo colocarse él y a los suyos. De pobre no tiene nada: siete cuentas, varias propiedades, terrenos en Perú y un garaje pagado billete a billete.
Y luego está Coldo, quizá el más inteligente de todos, porque lleva diez años grabándolo todo. De la puerta de un prostíbulo pasó a reunirse con el presidente de Chile, con la vicepresidenta de Argentina, con ministros y altos cargos. Disponía incluso de pasaporte diplomático, algo reservado solo a los muy cercanos al poder. Tan cercano que algunos dentro del propio partido lo consideran un testaferro del presidente.
El PSOE tiembla. Y lo sé porque ya han empezado a mover la máquina del fango para intentar desacreditarlos. Ábalos ya es “desequilibrado”. Coldo será “un mentiroso resentido”. Pero saben que si Sánchez se despeña, caen todos detrás. Y lo saben porque esta banda ha funcionado como lo que es: una organización política convertida en estructura de poder al servicio del líder, no del país.
A partir de ahora veremos maniobras. El partido intentará abrazar a la judicatura, no atacarla, porque temen lo que estos dos puedan contar. Y hablarán. No por generosidad ni patria: hablarán porque no quieren pasar diez años en la cárcel. Porque el auto lo dice claro: riesgo extremo de fuga, prisión sin fianza, y todos los ingredientes para que ambos pasen las Navidades, y muchas más, lejos de su vida de privilegios.
La escena que más me ha helado la sangre la contó Aldama, el único que salió del juzgado a su casa. Dijo algo que resume todo: “Con este Gobierno, uno se puede esperar cualquier cosa”. Y no exagera. ¿Quién entra a robar al despacho del director de The Objective, lleva las llaves de su casa y huye como un profesional? Ya está detenido el ladrón, vecino de Coslada. La policía habla de robo por encargo. No diré nombres, pero todos sabemos de qué calaña hablamos.
Hoy es un día grande para la libertad de prensa, para la prensa valiente. Para los que se jugaron denuncias y reputación mientras otros como Risto Mejide o Angels Barceló se dedicaban a humillar a los que investigaban.
Aún falta el último. Y cuando caiga, caerá el edificio entero.
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