“El gobierno está siendo cómplice del avance del yihadismo en España”
Hay silencios que no son casuales. Son decisiones políticas. Y cuando el silencio se impone desde el poder frente a una amenaza real, deja de ser neutral para convertirse en complicidad. Así lo advierte Francisco Bendala, teniente coronel del Ejército y ex agente del CESID, al analizar lo que está ocurriendo en España con el avance del yihadismo.
Bendala no habla desde la ideología, sino desde la experiencia operativa. Y lo que describe es inquietante: ataques yihadistas o intentos de atentado que no se comunican, incidentes graves que no se explican a la opinión pública y una orden política clara de disimular, callar y no informar.
Casos concretos existen. En Murcia, un individuo gritó Alá Akbar y se lanzó contra agentes con unas tijeras de grandes dimensiones. Hubo disparos, heridos y riesgo evidente. No se informó. En Torre Pacheco, un atropello mortal se presentó como un accidente cuando existían cartas previas con motivación islamista. Tampoco se explicó.
Para Bendala, esto no es improvisación. Es una estrategia. El gobierno teme que se evidencie el fracaso de sus políticas migratorias y de seguridad, y opta por ocultar los hechos para evitar consecuencias políticas. El problema es que esa ocultación deja indefensa a la población.
Un Estado tiene dos obligaciones básicas ante una amenaza: informar y proteger. Cuando no informa, impide que los ciudadanos puedan tomar medidas de autoprotección. Cuando no protege, está fallando en su función esencial. Bendala es tajante: no informar de ataques yihadistas es una orden ilegal.
El ex agente del CESID va más allá. Advierte de una agresión híbrida, especialmente desde Marruecos, utilizando flujos migratorios descontrolados y perfiles fanatizados. No descarta la implicación de servicios de inteligencia extranjeros aprovechando la debilidad política española. Y aquí aparece la clave: si se contara la verdad, se derrumbaría el relato oficial.
Hay miedo a que crezcan determinadas fuerzas políticas, sí. Pero ese miedo —dice Bendala— no justifica poner en riesgo la seguridad nacional. El yihadismo no se combate con propaganda ni con ocultación. Se combate con información, inteligencia y ley.
Además, denuncia una deriva peligrosa dentro de las propias instituciones. Funcionarios y mandos que obedecen órdenes ilegales, ceses arbitrarios, castigos a quienes dicen lo evidente. Se castiga al que alerta y se protege al que calla. Eso erosiona el Estado desde dentro.
Bendala recuerda algo fundamental: los españoles no somos niños. Tras el 11-M, la sociedad demostró que puede asumir la verdad sin entrar en pánico. Lo que no puede asumir es ser tratada como incapaz, mientras se toman decisiones a espaldas de la ciudadanía.
Ocultar el yihadismo no lo hace desaparecer. Lo fortalece. Y cuando un gobierno prioriza su supervivencia política sobre la seguridad de su pueblo, deja de ser parte de la solución para convertirse en parte del problema.
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