«En mi colegio electoral ganó Edmundo González con un 80% y por decirlo públicamente tuve que huir de mi país»
Andrés Villavicencio no era un dirigente político. Era testigo electoral. Uno de tantos ciudadanos que, el día de las elecciones presidenciales, defendió las actas en su centro. Lo que ocurrió después explica por qué millones de venezolanos han tenido que huir de su país.
En su colegio electoral ganó Edmundo González con una mayoría aplastante, en torno al 80%. No era un barrio opositor. Era una zona obrera, humilde, tradicionalmente controlada por el chavismo. Precisamente por eso, el resultado no podía salir a la luz.
Las actas que el régimen no quiso entregar
La ley es clara: todo testigo tiene derecho a su acta. Allí constan los votos, firmados y sellados. Andrés las reclamó. Se las dieron. Y cometió el “delito” que el régimen no perdona: hacerlas públicas.
Leyó los resultados en voz alta. Un vecino grabó el momento. El vídeo se hizo viral. Al día siguiente tenía a la policía política frente a su casa.
Perseguido por decir la verdad
Desde ese instante, su vida quedó sentenciada. Andrés supo que iba a ser detenido y que ya había un destino preparado para él: un centro de reclusión conocido por torturas, validado por organismos internacionales.
El régimen no avisa. Anula el pasaporte en silencio. Si intentas salir sin saberlo, te detienen en el aeropuerto. Andrés lo comprobó a tiempo. Su pasaporte aparecía como “anulado”.
La única salida fue huir por las trochas, caminos ilegales hacia Colombia. De noche, por carretera, sin garantías. Después logró llegar a Madrid. Si no hubiera escapado entonces, hoy estaría en prisión.
Un fraude que no se pudo ocultar
Andrés no habla de estimaciones. Habla de actas oficiales. En su centro, los números fueron claros: 1046 votos para Edmundo González, 195 para Maduro. Una diferencia imposible de disimular.
Por eso el chavismo nunca publicó los resultados desglosados. Nunca mostró el mapa electoral. Nunca permitió el contraste. Leyó unos números en una servilleta y cerró el sistema.
Exilio y conciencia
Hoy, Andrés vive en España. No por elección, sino por supervivencia. Su caso no es excepcional. Es el patrón. El que explica por qué casi diez millones de venezolanos han abandonado su país.
No huyeron por economía. Huyeron porque decir la verdad se convirtió en un delito.
Andrés no pidió protagonismo. Pidió que se respetara el voto. Por hacerlo, perdió su país.
Su testimonio deja una certeza incómoda:
Venezuela no cayó por accidente. Cayó porque se robó la voluntad popular.
Y cuando robar unas elecciones se paga con exilio, la democracia ya ha muerto
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