“Zapatero se reunía con mi madre para reprenderla por criticar al régimen de Maduro”
Hay testimonios que no admiten réplica. El de Lorent Saleh es uno de ellos.
Lorent estuvo cuatro años encarcelado en La Tumba, el centro de tortura subterráneo del Servicio Bolivariano de Inteligencia, bajo el metro de Caracas. Cuatro años de aislamiento absoluto, luz blanca permanente, frío, sonidos constantes y tortura psicológica. Cuatro años sin juicio. Secuestrado.
Hoy ha contado algo aún más grave. José Luis Rodríguez Zapatero se reunía con su madre para reprenderla por criticar al régimen de Nicolás Maduro.
No para ayudarla. No para proteger a su hijo. Para callarla.
Según relata Lorent, su madre fue llamada y presionada directamente. El mensaje era claro: si hablaba, si denunciaba, si levantaba la voz, sería más difícil sacarlo de la cárcel. Chantaje puro. Utilizar el sufrimiento de una madre como moneda de cambio político.
La Tumba no es una cárcel. Es un centro de tortura diseñado para cosificar a la persona, para que pierda la noción del tiempo, de la identidad, de la realidad. No hay colores. No hay silencio. No hay noche ni día. El objetivo no es castigar, es destruir por dentro sin dejar marcas visibles.
Mientras Lorent estaba ahí abajo, Zapatero se paseaba por España y Europa diciendo que “salvaba vidas” en Venezuela. Incluso llegó a atribuirse la liberación de presos políticos. La realidad, según el propio afectado, es la contraria: su papel fue el de operador político del régimen, presionando a familiares para que no denunciaran y bloqueando sanciones internacionales contra torturadores.
Lorent explica que Rodríguez Zapatero ayudó a sacar de Venezuela a responsables directos de la represión, que hoy viven tranquilamente en España, mientras los opositores eran torturados en sótanos sin nombre. Torturadores viviendo como reyes. Víctimas silenciadas.
Cuando finalmente fue liberado y trasladado a España, Lorent preguntó directamente qué se había negociado a cambio. Su mayor miedo era que su libertad sirviera para levantar sanciones a violadores de derechos humanos. Esa era —y sigue siendo— la moneda real.
La tortura en Venezuela no es un exceso. Es un sistema de terror. Se tortura para enviar un mensaje al resto de la población. Se tortura a estudiantes, a militares, a periodistas, a ancianos, a menores. Porque lo importante no es la violencia, sino la posibilidad permanente de la violencia.
Y aquí viene la frase que resume todo:
“No acepto a nadie que venga a defender esta dictadura sin haberla vivido.”
Porque incluso el Partido Comunista Venezolano está perseguido, su candidato presidencial está preso. Esto no va de derechas o izquierdas. Va de tortura, secuestro y terror de Estado.
Mientras Maduro hoy duerme tranquilo en una celda con comida caliente y sesiones de yoga, hay presos políticos que siguen en La Tumba y en El Helicoide. Sin abogados. Sin juicio. Sin voz.
Eso es lo que no se puede blanquear.
Y eso es lo que algunos en España ayudaron a ocultar.

