ÚLTIMA HORA – ¿Accidente o Sabotaje?
Les hablo con un nudo en la garganta tras conocer la gravedad del accidente del tren de alta velocidad en Córdob. Es el primer gran siniestro de la alta velocidad en España en 34 años. Hablamos ya de cerca de 40 fallecidos y más de 70 heridos. Aún es pronto para hacer balance, pero estamos ante la tragedia ferroviaria más grave desde la curva de Angrois, en Galicia, aquella que nos avisó de que algo se estaba haciendo rematadamente mal.
Este espacio no quiere limitarse a dar la última hora. Queremos ir un poco más lejos: contar lo que no se cuenta, lo que a menudo se esconde, esos pactos silenciosos entre políticos para que la verdad no salga a la luz. Porque cuando ocurre una desgracia así, en la mente de muchos dirigentes no está cómo salvar vidas ni cómo ayudar a las víctimas. Está cómo salvarse ellos, cómo culpar a la oposición y cómo salir indemnes.
Y se lo digo claro: cuando este accidente llegue a juicio, el peor enemigo de las víctimas será el propio Estado, que regateará hasta el último euro de las indemnizaciones.
España presume de tener una de las mayores y mejores redes de alta velocidad del mundo, junto a China, pero también es la peor mantenida. Aquí se invierte mucho para inaugurar líneas, cortar cintas y hacerse la foto, pero muy poco para conservarlas. Antes solo operaba Renfe; ahora hay varias compañías usando las mismas vías y el mantenimiento debería haberse multiplicado. Sin embargo, desde que gobierna Sánchez se ha doblado el número de accidentes ferroviarios.
¿Negligencia? ¿Falta de presupuesto? ¿Simple incompetencia?
No olviden en qué país vivimos: un país donde el anterior ministro de Transportes está en la cárcel, donde la presidenta de ADIF está imputada, donde el fontanero del PSOE acabó de consejero de Renfe y hasta la acompañante del ministro fue colocada en Adif. La corrupción lo contamina todo, y cuando el dinero público acaba en bolsillos privados, deja de ir a lo importante: al mantenimiento de las vías.
La vía partida: la clave de la investigación
Las primeras imágenes del lugar son demoledoras. La recta donde ocurrió el descarrilamiento no parecía peligrosa. Sin embargo, la Guardia Civil ha detectado que la vía estaba partida. Los travesaños de cemento aparecen rotos por la presión del tren y algunos anclajes se han desprendido.
La gran pregunta es evidente:
¿Estamos ante un accidente por mala conservación o ante un sabotaje?
Algunos ingenieros apuntan a que el tramo pudo desatornillarse por falta de mantenimiento, aunque todas las hipótesis siguen abiertas. El propio ministro Óscar Puente reconoce que el siniestro es “tremendamente extraño” y difícil de explicar.
Avisos ignorados desde 2022
Lo más inquietante es que había señales previas. Desde 2022 se registraron múltiples incidencias en el mismo punto: averías en la catenaria, retrasos continuos y problemas estructurales. En 2023 hubo al menos siete avisos; en 2024 y 2025 la historia se repitió.
El sindicato de maquinistas llegó a advertir por escrito del mal estado de la línea 010, la misma donde se produjo el choque. Hablaban de baches, descompensaciones y falta de fiabilidad, y pidieron reducir la velocidad a 250 km/h. Según nuestras informaciones, no se tomó ninguna medida.
El precedente de Angrois: el “pacto de la curva”
Este desastre recuerda demasiado al accidente de Angrois. Entonces, la responsabilidad política se diluyó y se culpó casi en exclusiva al maquinista. Las víctimas denunciaron un pacto entre PSOE y PP para proteger a los altos cargos.
La historia se repite: cuando hay juicio, el responsable suele ser un técnico de medio pelo, mientras los políticos se lavan las manos con informes hechos a medida.
Solidaridad frente a abandono
Mientras la administración falla, el pueblo responde.
Adamuz, un municipio de 4.000 habitantes, se volcó desde el primer minuto: ambulancias, psicólogos, vecinos ayudando a los heridos. Otra vez se demuestra que solo el pueblo salva al pueblo, mientras el Estado llega tarde y mal.
Reflexión final
¿Cómo se explica que falte dinero para mantener nuestras vías, pero lo haya para colocar a amigos, amantes y enchufados?
¿Cómo se justifica conceder cientos de millones para trenes en Marruecos o Uzbekistán mientras aquí se desmoronan los raíles?
Ellos hablan de “pagar un peaje”.
Nosotros lo pagamos con la vida.
Ojalá este sea el último accidente. Pero si no se asumen responsabilidades políticas reales, volverá a pasar. Y aquí estaremos para contarlo.
Investigamos.
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