La carne sintética se hunde en la Bolsa y Bill Gates también
Mientras durante años nos vendieron la carne sintética como el futuro inevitable de la alimentación, los números empiezan a contar otra historia muy distinta. Hoy hablamos con Unai Cano, periodista de La Gaceta, y los datos son claros: el negocio se desinfla, las acciones caen y los grandes inversores empiezan a retirarse.
No es una opinión. Es lo que está pasando en los mercados.
El desplome bursátil
Las principales empresas dedicadas a la carne cultivada en laboratorio están sufriendo caídas continuadas en Bolsa. Proyectos que salieron con valoraciones multimillonarias hoy valen una fracción de lo prometido. La demanda no llega. Los costes siguen siendo altísimos. Y el consumidor no responde.
Se prometió una alternativa barata, sostenible y masiva. La realidad es otra: producción carísima, dependencia tecnológica extrema y una aceptación social muy limitada.
El pinchazo del relato
Aquí es donde el relato empieza a resquebrajarse. Porque la carne sintética no se impulsó solo como un producto, sino como una bandera ideológica. Se presentó como moralmente superior, inevitable, casi obligatoria. Y quien dudaba era tachado de retrógrado.
Hoy ese discurso choca con la realidad económica. La Bolsa no vota, pero sí castiga. Y está castigando duramente a este sector.
Bill Gates y la retirada silenciosa
Durante años, Bill Gates fue uno de los grandes valedores de la carne artificial. Inversión, conferencias, presión política y mediática. Hoy su exposición al sector se reduce, y algunos de los proyectos asociados a su entorno acumulan pérdidas.
No hay grandes anuncios de retirada. No hacen falta. El dinero se mueve en silencio cuando ve que el negocio no funciona.
Cuando el mercado dice basta
El mercado está diciendo algo muy simple: esto no era lo que nos prometieron. Ni barato. Ni escalable. Ni deseado. Y sin subvenciones constantes, no se sostiene.
Mientras tanto, la ganadería tradicional sigue produciendo, alimentando y adaptándose, pese a haber sido demonizada durante años por los mismos que hoy guardan silencio ante el fracaso.
De la imposición al rechazo
Lo que estamos viendo no es solo un fracaso económico. Es el rechazo a un modelo impuesto desde arriba, sin contar con el consumidor. La gente no quiere comer experimentos financieros envueltos en moralina.
Y cuando el ciudadano dice no, la Bolsa lo refleja.
Seguiremos atentos. Porque cuando un proyecto necesita más propaganda que clientes, el problema no es de comunicación. Es de realidad.
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