Los héroes de Krasny Bor: la historia que España decidió olvidar
Cada viernes intentamos rescatar héroes. Héroes reales. Y hoy tocaba mirar a uno de los capítulos más silenciados de nuestra historia reciente: Krasny Bor, febrero de 1943. Para hacerlo, he querido hablar con Paco Álvarez, historiador, divulgador y una de las pocas voces que se atreven a contar lo que pasó sin complejos.
Cuando se menciona a la División Azul, durante décadas se ha impuesto un relato simplista: fascistas que se fueron a luchar fuera. La realidad fue mucho más compleja. Como explicó Paco Álvarez, muchos se alistaron por motivos muy distintos a la ideología: evitar la mili en España, no pasar hambre, limpiar expedientes, ganar un sueldo en una época de miseria. La historia, como casi siempre, no cabe en un eslogan.
El 10 de febrero de 1943, a las 6:45 de la mañana, se escribió una de las últimas páginas gloriosas de la infantería española. En Krasny Bor, a unos kilómetros al sur de San Petersburgo, 4.500 soldados españoles resistieron el ataque de unos 44.000 soldados soviéticos, apoyados por más de 1.000 cañones, lanzacohetes katiusha y cerca de 200 tanques. Los españoles no tenían tanques. Tenían ocho obuses y algunas piezas antitanque ligeras.
El resultado fue devastador: un 75 % de bajas entre muertos, heridos y desaparecidos. Pero aquella resistencia frenó la ofensiva soviética lo suficiente como para evitar el colapso del frente y ganar un año de tiempo. Un año que, como recordó Paco Álvarez, permitió a los aliados liberar más territorio europeo antes de que cayera en manos soviéticas. Eso también es historia, aunque incomode.
Hubo tres Laureadas de San Fernando concedidas en solo 24 horas, algo nunca visto. Y hubo reconocimiento incluso del enemigo. Paco Álvarez citó al general alemán Jürgens, que dejó una frase demoledora:
“Si en el frente os encontráis a un soldado sucio, mal afeitado, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él. Estáis ante un héroe. Es un español.”
Hoy, Krasny Bor es un vertedero de residuos tóxicos. Y en España, su memoria ha sido arrinconada o caricaturizada. Se ha intentado borrar incluso el nombre de las calles que recuerdan a aquellos caídos. Pero los tribunales frenaron algunos intentos. La historia, por mucho que se fuerce, no siempre se deja reescribir.
Como bien dijo Paco Álvarez, otros países reivindican a sus combatientes sin vergüenza: alemanes, soviéticos, británicos. Solo España parece pedir perdón por su propia historia. Y no debería. Porque aquellos hombres fueron héroes, vinieran de donde vinieran y pensaran lo que pensaran. Murieron como soldados españoles.
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