España tiene motivos para sentirse orgullosa de su conquista en América
Hay un empeño constante en revisar nuestra historia con complejos. En pedir perdón por existir. En juzgar el pasado con los ojos del presente.
Y yo me niego.
Porque cuando uno se acerca a la historia con rigor —no con ideología— la conclusión es clara: España tiene motivos más que suficientes para sentirse orgullosa de su labor en América.
Lo primero que hay que entender es algo básico:
la propia corona española fue la primera en cuestionar los abusos.
No es un relato inventado ahora. Viene de origen.
Isabel la Católica ya lo dejó claro cuando supo que Colón había llevado indígenas como esclavos:
“¿Quién es este señor para hacer esclavos a mis vasallos?”
No solo lo dijo. Actuó.
– Se enviaron autoridades para frenar abusos
– Se desarrollaron leyes específicas para proteger a los indígenas
– Se llegó incluso a detener la conquista para debatir si era justa
Esto no lo hizo ningún otro imperio.
Ninguno.
Mientras otros colonizaban explotando sin límites, España creó un sistema legal, imperfecto, sí, pero con una intención clara: regular, proteger y organizar.
Y los hechos están ahí:
– Más de 30 universidades en América
– Hospitales abiertos a toda la población, sin distinción
– Ciudades que hoy son patrimonio de la humanidad
– Un modelo que integraba, no exterminaba
En el año 1600, España tenía ya siete universidades en América, mientras países como Inglaterra apenas contaban con tres
Eso no es propaganda. Eso es historia.
¿Hubo abusos? Por supuesto.
Como en cualquier proceso histórico.
Pero reducir siglos de presencia española a una caricatura de opresión es una manipulación grotesca.
Porque si algo diferencia a España de otros imperios es precisamente esto:
la existencia de leyes, debates morales y mecanismos para corregir excesos.
Desde las Leyes de Burgos hasta la recopilación de las Leyes de Indias, pasando por debates como el de Valladolid, hubo una constante:
la preocupación por cómo se ejercía el poder.
Otra cosa es que luego se cumpliera siempre. Pero la intención estaba.
Y eso importa.
Hoy se pretende imponer un relato en el que España debe avergonzarse de su pasado. Un relato construido sobre anacronismos, donde se juzga el siglo XV con valores del siglo XXI.
Eso no es historia.
Eso es propaganda.
La historia se estudia. Se entiende. Se contextualiza.
No se manipula para generar culpa colectiva.
Por eso lo digo claro:
España no tiene que pedir perdón por su historia en América.
Tiene que conocerla bien.
Y, en muchos aspectos, sentirse orgullosa de ella.
Carta al Rey Felipe VI: una petición ciudadana
Miles de españoles piden que la Corona ejerza su papel constitucional con ejemplaridad e independencia.
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