Convocamos una marcha por la Dignidad hasta la Moncloa
Hoy no es un día cualquiera. Hoy puedo contarles algo que llevaba semanas gestándose y que, por fin, ve la luz. Una movilización sin precedentes en España. No una manifestación más, no una concentración al uso. Algo distinto. Algo que busca hacerse oír de verdad.
Apunten la fecha: sábado 23 de mayo, 10:30 de la mañana.
La convocatoria es clara: marcha desde Plaza Colón hasta el entorno del Palacio de la Moncloa.
No se trata de una fiesta. No habrá música, ni discursos eternos, ni ambiente de verbena. Se trata de que el poder escuche. De que no pueda ignorar el ruido de la calle.
Porque esa es la clave: hacer llegar el mensaje directamente a Pedro Sánchez y a su entorno. Que lo escuchen desde su casa. Que no puedan abstraerse.
Esta vez no hay protagonistas. No hay líderes visibles. Solo la sociedad civil.
Asociaciones, partidos, sindicatos, ciudadanos. Todos convocados bajo un mismo lema:
“Sánchez, dimisión. Ya.”
Los organizadores han sido prudentes. Incluso en el lenguaje. No hablan de llegar a Moncloa, sino al arco. Un matiz. Un eufemismo. Para evitar que la marcha sea bloqueada antes de empezar.
Porque ese riesgo existe.
La idea es simple: no concentrarse, sino avanzar.
No escuchar, sino gritar.
No asistir, sino participar.
Cada uno con sus símbolos. Con sus pancartas. Con sus razones.
Al final, un comunicado breve. Y el himno nacional. Nada más.
Lo que se busca no es un acto político tradicional. Es un mensaje directo, sin intermediarios, sin filtros.
Porque hay algo que muchos se preguntan:
¿Solo unos tienen derecho a la calle?
Esta marcha quiere responder a eso.
Y quiere hacerlo a lo grande.
Se ha convocado con poco margen por una razón clara: evitar que la prohíban.
Porque, no nos engañemos, cualquier excusa serviría.
Lo que está en juego no es solo una protesta.
Es una demostración de fuerza.
No solo hacia el gobierno.
También hacia quienes lo sostienen.
Y hacia fuera: Europa, Estados Unidos.
El mensaje que se quiere lanzar es que hay una parte importante del país que ya no aguanta más.
Muchos han ido a otras concentraciones.
Muchos han vuelto a casa con la sensación de que nada cambia.
Esta vez se busca algo distinto.
La mayor marcha que se haya visto en Madrid contra un gobierno.
Y eso exige algo incómodo: esfuerzo.
Desplazarse. Estar. Participar.
Porque si no ocurre ahora, no ocurrirá nunca.
Y eso, ustedes lo saben.
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