«Por llevar la camiseta de España me golpearon y escupieron, pero la victoria es nuestra»
La victoria de España no solo ha dejado una alegría deportiva. También ha dejado al descubierto algo mucho más profundo: hay quienes no soportan ver una bandera española en la calle, no soportan que miles de ciudadanos celebren juntos y no soportan que un periodista esté allí para contarlo.
Eso es lo que le ocurrió a Cake Minuesa, periodista de OKDiario, en Bilbao. Fue agredido, insultado, escupido y amenazado durante la celebración de la victoria española. ¿Su delito? Llevar la bandera de España, vestir una camiseta vinculada a la selección y ejercer su trabajo en un lugar donde algunos pretendían imponer el miedo.
La frase con la que él mismo resumió lo sucedido debería preocupar a cualquier demócrata: “Por llevar la camiseta de España me golpearon y escupieron, pero la victoria es nuestra”.
Bilbao, una pantalla y el odio de siempre
El contexto es importante. En Bilbao, según se explicó en el programa, el alcalde no quiso instalar pantallas para seguir la final. Se dijo que no había demanda. Pero cuando el PP colocó una pantalla, la realidad desmintió ese argumento: acudieron miles de personas.
Y entonces apareció la otra España. La que no acepta la alegría ajena. La que no tolera que una bandera nacional se vea en determinados territorios. La que responde al orgullo español con insultos, botellas, patadas y escupitajos.
En las imágenes comentadas en el programa se veía cómo volaban objetos y cómo se intentaba intimidar a quienes estaban allí. También se destacó la actitud de la concejal del PP en Bilbao, Esther Martínez, que defendió el puesto mientras caían piedras y botellas. Su única “arma”, como se dijo, era un abanico. Y aun así aguantó.
Ese gesto contrasta con la cobardía de quienes se esconden en grupo para agredir a quien piensa distinto.
El ataque a Cake Minuesa
Cake Minuesa relató que, nada más verle, comenzaron los insultos. Según explicó, le gritaron, le amenazaron y le identificaron como objetivo. En la escena se aprecia la tensión: le tiran botellas, recibe una patada y denuncia que le escupen.
Él mismo lo resumió con una frase sencilla: llevaba una bandera de España y una camiseta de la selección. Solo por eso.
También señaló a grupos como GKS y a los entornos que definió como “bilduetarras”, acusándolos de actuar contra la libertad de expresión y de intentar darle una paliza. Minuesa defendió además algo elemental: “Viva España y aupa España en Bilbao”. Una frase que en un país normal no debería provocar miedo, ni violencia, ni escándalo.
Porque ese es el fondo del problema. No estamos hablando solo de un periodista agredido. Estamos hablando de si en una ciudad española se puede celebrar una victoria de España sin que aparezcan quienes quieren imponer el silencio a golpes.
La violencia que se está normalizando
Lo más grave sería acostumbrarnos. Ver estas imágenes y decir: “Bueno, es lo de siempre”. No. No puede ser lo de siempre.
Si normalizamos que a un periodista le escupan por llevar símbolos nacionales, mañana le pasará a cualquier ciudadano. Si normalizamos que se tiren botellas contra quienes celebran una victoria deportiva, mañana se hará lo mismo contra quien acuda a una manifestación, contra quien coloque una bandera en su balcón o contra quien simplemente diga en voz alta que se siente español.
La violencia política empieza así: primero se señala, luego se insulta, después se intimida y finalmente se agrede. Y cuando el resto mira hacia otro lado, los violentos entienden que tienen permiso.
Por eso este episodio no puede quedar reducido a una anécdota de celebración. Es una señal. Una más.
La libertad también se defiende en la calle
Cake Minuesa no estaba allí como provocador. Estaba allí como periodista. Y aunque a algunos les moleste, el periodismo consiste precisamente en ir donde pasan las cosas, grabar, preguntar y mostrar lo que otros preferirían ocultar.
La libertad de prensa no se defiende solo cuando el periodista nos gusta o cuando cuenta lo que queremos oír. Se defiende especialmente cuando un periodista es acosado por hacer su trabajo en un ambiente hostil.
Y la libertad de los ciudadanos no se mide en los lugares cómodos, sino en los difíciles. Poder llevar una bandera de España en Bilbao, en Barcelona, en Pamplona o en cualquier ciudad del país no debería requerir valor. Debería ser normal.
Pero mientras haya quienes respondan con odio a esa normalidad, habrá que seguir diciéndolo alto y claro: España no pertenece a quienes la odian.
La victoria también fue moral
Por eso la frase de Cake Minuesa tiene tanta fuerza: “pero la victoria es nuestra”.
No se refiere solo al marcador. Se refiere a algo más importante. A que la España que celebra, que sonríe, que no pide perdón por llevar su bandera, está ganando terreno frente a la España del odio, del complejo y de la intimidación.
Nos quieren callados. Nos quieren acomplejados. Nos quieren convencidos de que amar a España es una provocación. Pero cada bandera en la calle, cada ciudadano que no se esconde y cada periodista que sigue grabando pese a los insultos demuestra lo contrario.
La victoria es nuestra porque el miedo no puede ser la norma. La victoria es nuestra porque celebrar España no es un delito. Y la victoria es nuestra porque, aunque algunos respondan con patadas y escupitajos, millones de españoles han vuelto a recordar que no están solos.

