El caso del niño Jordi: la desgarradora imagen de la pobreza infantil extrema en Cuba
Mis amigos del programa, han visto ustedes la foto que publicamos: un niño, un crío, que se llama Jordi, cargando una bolsa de latas a las 12 de la noche. Esta es la realidad, la cruda y dolorosa realidad que nos golpea desde Cuba. Un pequeño, a una hora en la que debería estar durmiendo tranquilo en su cama, se ve obligado a salir a la calle para intentar sacar unos céntimos de dólar, para sobrevivir y traer algo a la casa. No es una excepción, es el símbolo vivo de la pobreza infantil extrema en Cuba.
La infancia robada en la isla
La imagen de Jordi es el reflejo de un drama que se extiende por toda la isla. Mientras aquí, en el mundo civilizado, nos preocupamos por nimiedades, allí los niños no tienen ni lo más básico. Hemos visto, y es imperdonable, el video de un hospital infantil en oscuridad total, con niños llorando y madres desesperadas porque sus hijos se están muriendo. ¿Por qué? Porque no tienen electricidad. No hay corriente, no hay planta, no hay absolutamente nada para atender a los más vulnerables. Es una locura, un infierno que se vive en vida, y que el mundo se niega a ver.
Es una situación tan grave que, como bien se ha dicho, África ahora está en Cuba. Es una vergüenza, una mancha imborrable en la conciencia de aquellos que miran para otro lado. ¿Dónde están los organismos internacionales? ¿Dónde está la humanidad?
La hipocresía de UNICEF y el ‘estado fallido’
Y hablando de organismos, me pregunto: ¿dónde está la UNICEF? ¿Dónde está UNICEF Cuba? Recordarán que hace unos años, se publicó en España un informe, de la mano de UNICEF Cuba y UNICEF España, que afirmaba que los niños más felices del mundo eran los niños cubanos. ¡Los más felices del mundo entero! Por favor, vean el vídeo al que hacía referencia, el de ese hospital infantil sin electricidad. ¿Esos son los niños felices? Es una burla, una manipulación inaceptable. Hay que exigirle a la UNICEF que haga su trabajo, que es la defensa de la infancia también en Cuba. Las vidas de los niños cubanos, tengan el color que tengan, importan. ¿Cuál es el problema aquí? ¿Que no son importantes para ellos?
El senador Marco Rubio lo ha dicho con claridad: el modelo económico de Cuba no funciona, está roto. No se puede arreglar con el sistema político actual. Es un estado fallido. Y lo peor es que, mientras los niños sufren y mueren, la cúpula castrista vive en el lujo más descarado. Mientras los hospitales infantiles carecen de electricidad, en las mansiones de la élite tienen todos los lujos, luz, electricidad, agua caliente y comida.
Un clamor por la intervención y la responsabilidad
No es el momento de más sanciones que solo sirven para que el castrismo gane tiempo. No es el momento de manierismos. Los niños se están muriendo a montones. La única solución posible, la única, es una intervención militar de los Estados Unidos de América, una intervención quirúrgica, humanitaria, militar, como se la quiera llamar. Ya no hay que andarse con pincitas. Hay que hacerlo ya.
Es crucial entender que los muertos que se producen en Cuba no son solo responsabilidad del castrismo. Son también responsabilidad de quien puso el castrismo en el poder, es decir, el gobierno de Estados Unidos, y de quien ahora mismo tiene la posibilidad de liberarnos de ese castrismo tal como lo puso. Lo pueden quitar. Y las grandes naciones tienen grandes responsabilidades. Si Estados Unidos quiere recuperar la grandeza de su nación, debe intervenir por la libertad en Cuba.
El pueblo cubano está viviendo el infierno en vida. Y la imagen de Jordi, ese niño que a medianoche recolecta latas para subsistir, es el grito silencioso de un pueblo que clama por ayuda. No podemos seguir ignorándolo.
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