¿Repetirá Pedro Sánchez la jugada de 2023? Begoña Gerpe alerta del riesgo de unas elecciones bajo propaganda, miedo y control institucional

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Begoña Gerpe no disimula su preocupación. En una entrevista en Confesiones Confidenciales con Susana Gasch, la abogada y comunicadora dejó una reflexión central: Pedro Sánchez podría intentar repetir en las próximas elecciones una jugada similar a la de 2023 para mantenerse en el poder, incluso en un contexto político, judicial y social mucho más deteriorado.

La cuestión no es menor. Gerpe sostiene que el presidente del Gobierno no afronta una salida política normal, sino un escenario rodeado de causas, investigaciones y desgaste institucional. A su juicio, esa situación hace todavía más difícil imaginar una retirada tranquila del sanchismo. La entrevistada se pregunta qué alternativa real tiene Sánchez si su entorno familiar y político aparece bajo una presión judicial creciente y si el Gobierno ha convertido la propaganda en una herramienta diaria de supervivencia.

La conversación partió de la victoria de la selección española y del intento de la izquierda de convertir también ese éxito deportivo en un relato ideológico. Gerpe criticó que dirigentes y opinadores progresistas pusieran el foco en el origen o el color de piel de algunos jugadores, en lugar de celebrar simplemente a un equipo español que ganó representando a España. Para ella, esa utilización política revela una obsesión: dividir, etiquetar y enfrentar a los ciudadanos incluso cuando el país encuentra un motivo de unión.

A partir de ahí, la entrevista derivó hacia un asunto más profundo: la libertad de expresión. Gerpe, que tiene abierto un procedimiento judicial por un vídeo antiguo, denunció que en España ya no todos pueden hablar con la misma libertad. Según explicó, determinadas opiniones son castigadas social, mediática o incluso penalmente cuando no coinciden con el marco ideológico dominante.

La abogada fue especialmente dura con el uso expansivo del delito de odio. Recordó que, en su formación jurídica, ese delito no se concebía para castigar cualquier opinión incómoda, sino para perseguir conductas que generasen un peligro real contra personas por razón de raza, religión, orientación sexual u otras circunstancias protegidas. Sin embargo, sostiene que hoy se ha convertido en un “cajón desastre” donde puede entrar cualquier discurso contrario al Gobierno o al relato oficial.

Gerpe defendió que contar una experiencia personal no debería equivaler a cometer un delito. Insistió en que no se considera una persona racista ni xenófoba y afirmó que el estigma público funciona como condena anticipada. Para ella, el problema es que ciertos sectores han decidido que cualquier crítica a determinados colectivos o políticas públicas sea presentada automáticamente como odio.

Ese clima, según la entrevistada, tiene efectos directos sobre la sociedad civil. Muchos ciudadanos, dijo, se sienten solos frente a un poder político que controla relato, instituciones, publicidad institucional y presión mediática. Reconoció la labor de asociaciones como Hazte Oír o Manos Limpias, pero transmitió una sensación de fondo mucho más amarga: cuando los asuntos llegan a las alturas del poder, la separación real de poderes se debilita.

También se abordó el caso de Begoña Gómez y la actuación del juez Peinado. Gerpe consideró que el instructor está actuando con dureza, pero dentro de la ley. Recordó que sus decisiones han sido revisadas por instancias superiores y que, pese a los intentos de desacreditarlo, el procedimiento continúa. Sobre el jurado popular, mostró reservas: como abogada, dijo preferir un tribunal profesional antes que un jurado condicionado por el ambiente mediático y la presión social.

La entrevista terminó con una referencia a José Luis Rodríguez Zapatero. Gerpe señaló que su situación se complica por las declaraciones y por las informaciones conocidas sobre sociedades, intermediarios y supuestas estructuras empresariales. A su juicio, la colaboración de determinados implicados puede abrir un escenario difícil para el expresidente si se confirma la existencia de empresas pantalla, comisiones o patrimonios no aclarados.

El fondo de la conversación fue claro: Begoña Gerpe ve una España atrapada entre propaganda, miedo judicial, agotamiento social y una izquierda que utiliza la moral pública como instrumento de control. Por eso su advertencia sobre Sánchez no es solo electoral. Es política e institucional. Si en 2023 logró sobrevivir contra pronóstico, la pregunta que queda sobre la mesa es si volverá a intentarlo con las mismas armas: polarización, relato, control del miedo y una maquinaria de poder dispuesta a resistir hasta el final.

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