Experimentos secretos y modificación de la lluvia: la historia documentada

Detalle de generador y soportes de bengalas de yoduro de plata instalados en una avioneta de siembra de nubes
Equipo de siembra con yoduro de plata en una avioneta. Ejemplo técnico fotografiado en 2006, distinto de la operación indonesia. Foto: Christian Jansky / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.5.
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Por Luis Bassols

INVESTIGACIÓN ESPECIAL · PARTE 2 DE 4

Primero experimentaron con la población. Después aprendieron a modificar la lluvia.

Historia de la modificación meteorológica, experimentos militares y riesgos para la ciudadanía.

Primera entrega de la serie: Cuando se impide la lluvia, empieza el negocio del agua: la cadena que se activa en España.

En 2002, el Reino Unido reconoció oficialmente que durante décadas había dispersado sustancias químicas y microorganismos sobre extensas zonas pobladas sin informar a los ciudadanos. Aviones militares, barcos y otros dispositivos fueron utilizados en experimentos secretos relacionados con la guerra biológica. Familias de las áreas afectadas denunciaron malformaciones congénitas y otros problemas de salud.

No era una acusación sin fundamento. Los documentos procedían del propio Ministerio de Defensa británico y fueron revelados en una investigación de The Guardian publicada el 21 de abril de 2002.

Aquello era solo una parte de la historia.

Durante el mismo periodo, el Reino Unido también experimentó con métodos para provocar lluvia artificialmente. Estados Unidos terminaría utilizando técnicas de modificación de precipitaciones durante la guerra de Vietnam. Y en España, ya en los años cincuenta, empresas hidroeléctricas contrataron servicios estadounidenses para intentar aumentar la lluvia sobre cuencas estratégicas.

Hoy, otros gobiernos publican operaciones destinadas no solo a incrementar las precipitaciones, sino también a reducirlas o adelantarlas para que descarguen en determinados lugares.

La cuestión, por tanto, no es si los seres humanos han intervenido deliberadamente sobre determinados procesos atmosféricos. Eso está documentado.

Las preguntas son otras: ¿hasta dónde llega realmente esa capacidad, quién decide utilizarla, qué intereses la impulsan y quién asume los riesgos para la población y el territorio?

Reino Unido, 2002: el Gobierno reconoce décadas de experimentos secretos sobre la población

El 21 de abril de 2002, The Guardian publicó una investigación titulada Millions were in germ war tests, basada en un informe oficial de 60 páginas del Ministerio de Defensa británico.

Los documentos reconstruían más de un centenar de experimentos encubiertos relacionados con la guerra biológica realizados entre 1940 y 1979.

El propósito declarado de aquellas pruebas era estudiar cómo se dispersarían agentes biológicos en caso de ataque enemigo. Para ello, los investigadores liberaban sustancias químicas y microorganismos considerados simulantes, observando su propagación por el territorio.

La población no había sido informada.

Entre 1955 y 1963, aviones militares dispersaron sulfuro de zinc y cadmio sobre amplias áreas del Reino Unido. Su fluorescencia permitía seguir el desplazamiento de las partículas y medir hasta dónde llegaban.

También se realizaron pruebas desde embarcaciones. Entre 1961 y 1968, según la documentación publicada, se liberaron bacterias simulantes frente a la costa meridional inglesa, con potencial exposición de más de un millón de personas.

Otros ensayos incluyeron instalaciones públicas, túneles y el metro de Londres.

La investigación periodística reveló un detalle especialmente significativo: los militares habían recibido instrucciones para explicar a los ciudadanos que preguntasen por esas actividades que se trataba de investigaciones sobre meteorología y contaminación atmosférica.

Es decir, se proporcionó una explicación pública distinta de la finalidad militar real de las pruebas.

Fuente: The Guardian, 21 de abril de 2002: Millions were in germ war tests.

Los problemas de salud denunciados por las familias

Las revelaciones no se limitaron a la existencia de operaciones secretas.

Familias que vivían cerca de algunos de los lugares utilizados para los experimentos denunciaron problemas de salud que consideraban relacionados con las pruebas.

Entre los testimonios recogidos por The Guardian figuraban nacimientos con malformaciones congénitas, discapacidades físicas, dificultades de aprendizaje y casos de parálisis cerebral.

Uno de los afectados, David Orman, reclamó una investigación pública después de que su esposa, originaria de East Lulworth, sufriera un aborto espontáneo y posteriormente tuviera un hijo con parálisis cerebral. Otros familiares y vecinos comunicaron problemas en sus hijos.

Las autoridades sanitarias locales negaron que estuviera demostrada una concentración anormal de esos casos. El Ministerio de Defensa defendió que las investigaciones científicas disponibles no habían identificado riesgos para la salud pública, aunque una de las revisiones contempló que determinadas personas vulnerables podrían haber resultado perjudicadas por exposiciones suficientes.

Conviene distinguir los hechos: las dispersiones secretas están documentadas; las enfermedades denunciadas también, pero no se demostró que aquellas operaciones fueran su causa.

El cadmio es conocido por su toxicidad, pero la peligrosidad de un compuesto no permite establecer automáticamente el daño concreto de una exposición sin conocer su concentración, composición química y dosis.

Lo que no admite discusión es que los ciudadanos estuvieron expuestos a experimentos deliberados sin haber recibido información adecuada.

Fuente: The Guardian: testimonios de las familias y documentación del Ministerio de Defensa.

1930-1947: los primeros experimentos para modificar las nubes

La investigación científica sobre modificación meteorológica comenzó mucho antes de la Guerra Fría.

En 1930, el investigador neerlandés August Veraart realizó experimentos con hielo seco y agua sobreenfriada para intentar modificar los procesos de precipitación. Sus trabajos, aunque recibidos con escepticismo, aparecen recogidos en un informe oficial de la National Science Foundation estadounidense publicado en 1965.

En 1933, los trabajos del meteorólogo Tor Bergeron y del físico Walter Findeisen contribuyeron a explicar cómo la coexistencia de cristales de hielo y gotas de agua sobreenfriada podía favorecer la precipitación.

El salto experimental llegó en 1946.

En los laboratorios de General Electric, Vincent Schaefer descubrió que la introducción de hielo seco en una nube sobreenfriada podía desencadenar la formación de cristales de hielo. El 13 de noviembre de ese año realizó un experimento aéreo sobre Massachusetts que produjo cambios observables en una capa nubosa.

Para 1947, los investigadores de General Electric, en colaboración con instituciones militares estadounidenses, habían puesto en marcha Project Cirrus.

El 13 de octubre de aquel año, aeronaves militares participaron en una operación de siembra sobre un huracán situado frente a la costa estadounidense. Un bombardero B-17 liberó hielo seco sobre determinadas bandas nubosas.

Después del experimento, el huracán cambió de trayectoria y acabó alcanzando la costa de Georgia. Se formularon acusaciones de que la operación había provocado aquel cambio, pero nunca se demostró científicamente esa relación.

Lo que sí estaba acreditado era el intento deliberado de intervenir sobre un ciclón tropical mediante aeronaves militares.

Equipo de Project Cirrus ante el avión B-17 utilizado en la siembra de un huracán en 1947
Equipo de Project Cirrus ante el B-17 empleado en el experimento de siembra de un huracán en 1947. Imagen histórica: US Navy, vía NOAA. Fuente original: NOAA.

En menos de dos décadas, la investigación había pasado de ensayos experimentales de los años treinta a operaciones aéreas destinadas a modificar nubes e incluso huracanes.

Fuentes: National Science Foundation, Weather and Climate Modification (1965); NOAA, historia de Project Cirrus; American Meteorological Society, historia de la modificación meteorológica.

Operation Cumulus: cuando provocar lluvia se convirtió en una investigación militar

En agosto de 1952, el Reino Unido desarrollaba experimentos de modificación artificial de las precipitaciones mediante la introducción de sustancias en determinadas nubes.

Uno de aquellos programas era conocido como Operation Cumulus, en el que participaron investigadores y personal de la Royal Air Force.

El procedimiento consistía en sembrar formaciones nubosas con materiales como hielo seco o sal, intentando favorecer determinados procesos físicos capaces de producir precipitaciones.

Un antiguo tripulante explicó años después a la BBC que habían introducido hielo seco en una nube y observado lluvia aproximadamente media hora más tarde.

Aquella observación no demostraba por sí sola que la intervención fuera responsable de la precipitación, pero ilustraba el tipo de experimentos que se estaban realizando.

La existencia de estas actividades fue reconstruida en una investigación de BBC Radio 4 y The Guardian, publicada el 30 de agosto de 2001.

Fuente: The Guardian, 30 de agosto de 2001: RAF rainmakers ‘caused 1952 flood’.

La inundación de Lynmouth y las preguntas que quedaron abiertas

Edificios dañados en Lynmouth fotografiados en 1955
Lynmouth, fotografiado en 1955 tras la inundación de 1952. La imagen documenta sus consecuencias, no acredita que un experimento causara la riada. Foto: W. A. Lucas · Wikimedia Commons · CC BY-SA 2.0.

El 15 de agosto de 1952, una inundación devastó Lynmouth, una localidad inglesa de Devon.

Las precipitaciones extraordinarias provocaron violentas crecidas de los ríos, destruyeron edificios y puentes y causaron 34 muertes, aunque algunas crónicas históricas contabilizaron 35.

Décadas después, la investigación de la BBC identificó experimentos relacionados con Operation Cumulus en fechas próximas a la catástrofe.

La coincidencia despertó sospechas sobre una posible conexión.

Sin embargo, los registros meteorológicos de los vuelos consultados no demostraron que las nubes responsables de la inundación hubieran sido sembradas. Además, las condiciones atmosféricas, el relieve y la saturación previa de los terrenos ofrecen una explicación meteorológica de la catástrofe.

No existe una demostración científica de que Operation Cumulus provocase la inundación de Lynmouth.

Lo que sí quedó documentado fue la existencia de experimentos militares de lluvia artificial y la preocupación posterior por sus posibles consecuencias.

Fuente: Investigación histórica de The Guardian sobre Lynmouth y Operation Cumulus.

Las actas militares de 1953: utilizar la lluvia contra el enemigo

El aspecto más revelador de la documentación británica quizá no sea Lynmouth, sino las aplicaciones militares que se estudiaban.

Unas actas de una reunión del Ministerio del Aire, fechadas el 3 de noviembre de 1953 y divulgadas por The Guardian, recogían diversos usos potenciales de la producción artificial de lluvia.

Entre ellos figuraban aumentar el barro para dificultar movimientos enemigos y elevar los caudales de ríos y arroyos para obstaculizar el paso de tropas.

También aparecía una propuesta relacionada con ampliar la dispersión de contaminación radiactiva mediante una detonación nuclear asociada a un sistema nuboso intervenido.

Estas ideas no prueban que todas esas aplicaciones llegaran a ejecutarse, ni que los investigadores dispusieran de tecnología para controlarlas eficazmente.

Pero reflejan una intención militar concreta: investigar cómo convertir determinados procesos meteorológicos en instrumentos de ventaja estratégica.

Fuente: The Guardian: actas desclasificadas del Ministerio del Aire, 1953.

España, 1952: compañías eléctricas contrataron tecnología estadounidense para producir lluvia

La investigación histórica permite establecer que España tampoco estuvo al margen de estas actividades.

El 23 de febrero de 1954, el diputado británico Geoffrey de Freitas declaró ante la Cámara de los Comunes que en España se habían desarrollado operaciones comerciales de lluvia artificial para compañías hidroeléctricas durante los quince meses anteriores.

Según explicó, existían acuerdos de remuneración vinculados a los resultados obtenidos.

La declaración puede consultarse en el archivo parlamentario británico Hansard.

Fuente: Parlamento británico, 23 de febrero de 1954: Rainfall (Research Experiments).

El proyecto estadounidense del río Alberche

Presa del embalse de El Burguillo en una fotografía de 1986
Presa de El Burguillo, en la cuenca del Alberche. Fotografía de 1986, posterior a los experimentos históricos descritos en el artículo. Foto: Pelayo 08 · Wikimedia Commons · CC BY-SA 4.0.

Una publicación de la revista técnica española Agricultura, editada en 1957 y conservada por el Ministerio de Agricultura, identificó una operación concreta.

Entre 1952 y 1953, la estadounidense Water Resources Development Corporation realizó ensayos de lluvia artificial en la cuenca del río Alberche.

El artículo señalaba que se trataba de un proyecto de orientación más comercial que científica.

La operación también figura en una recopilación legislativa estadounidense mediante la referencia al informe 187-W, Increasing Water Resources in Spain, vinculado a Unión Eléctrica Madrileña y a la colaboración de Airfleets, Inc.

El informe completo todavía no ha sido recuperado, por lo que no es posible establecer a partir de él las cantidades exactas de material utilizado, los pagos realizados o los resultados operativos.

Fuentes: Ministerio de Agricultura, revista Agricultura, 1957, «La lluvia artificial» y recopilación legislativa estadounidense con la referencia al informe 187-W.

El interés económico y los resultados discutidos

Una publicación técnica suiza de 1961, Wasser- und Energiewirtschaft, también describió la colaboración de Saltos del Alberche con la empresa estadounidense para intentar mejorar la disponibilidad de agua de sus instalaciones hidroeléctricas.

Su reconstrucción consideraba favorables las dos primeras campañas, de 1952-1953 y 1953-1954, y negativa una posterior.

Pero ya en 1957, el artículo español de Agricultura había cuestionado la validez estadística de los ensayos del Alberche.

Advertía de que no existían datos suficientemente sólidos para demostrar que las precipitaciones observadas hubieran sido causadas por la intervención.

También planteaba dos riesgos: la posibilidad de reducir las precipitaciones mediante tratamientos inadecuados y la de alterar las lluvias en territorios vecinos.

Se trataba de advertencias científicas, no de pruebas de que esos perjuicios se hubieran producido.

Fuentes: Revista Agricultura, 1957 y archivo histórico de Wasser- und Energiewirtschaft, 1961.

La conclusión histórica resulta significativa: una compañía eléctrica española recurrió a tecnología extranjera para intentar incrementar artificialmente el recurso hídrico del que dependía parte de su actividad.

La eficacia real de aquellos experimentos seguía siendo discutida.

Pero la relación entre intervención meteorológica e interés económico por el agua ya existía hace más de setenta años.

Vietnam: Estados Unidos utilizó la lluvia con fines militares

El siguiente antecedente no admite dudas respecto a su finalidad.

El 13 de enero de 1967, un memorando del Departamento de Estado estadounidense, dirigido al secretario de Estado Dean Rusk, examinó el proyecto Popeye.

El Departamento de Defensa había solicitado autorización para iniciar operaciones de modificación meteorológica en determinadas regiones de Vietnam del Norte y Laos.

El objetivo era incrementar y prolongar las precipitaciones sobre rutas utilizadas por las fuerzas norvietnamitas para transportar suministros.

Se pretendía que las lluvias dificultaran el tráfico de camiones y las comunicaciones terrestres.

El propio memorando describía el programa como una actuación que no sería publicitada.

Los experimentos preliminares se habían realizado en octubre de 1966 y las operaciones posteriores se desarrollaron durante la guerra de Vietnam.

La documentación demuestra el uso militar deliberado de tecnologías de siembra de nubes. No permite, por sí sola, cuantificar todos sus efectos meteorológicos o militares.

Fuente primaria: Departamento de Estado de Estados Unidos, documento 274, 13 de enero de 1967: Weather Modification in North Vietnam and Laos (Project Popeye).

Operation Popeye constituye un precedente fundamental: la modificación de precipitaciones no fue únicamente una propuesta de científicos y estrategas. También llegó a ejecutarse como operación militar.

1968 y 1996: el clima como posible instrumento de poder

1968: la advertencia de Gordon J. F. MacDonald. En su ensayo How to Wreck the Environment, el geofísico examinó cómo los avances en modificación ambiental podían llegar a utilizarse con fines hostiles, incluso de forma encubierta. Habló, entre otras posibilidades, de alterar las precipitaciones. El texto completo se incorporó años después al registro de una audiencia del Senado estadounidense. Acredita que un científico vinculado al asesoramiento gubernamental planteó públicamente esa posibilidad estratégica; no describe una operación concreta ejecutada por él.

1996: un estudio presentado al proyecto Air Force 2025. El informe Weather as a Force Multiplier: Owning the Weather in 2025 (documento íntegro) examinó posibles usos militares de la modificación meteorológica. Su matriz de capacidades incluyó aumentar o evitar precipitaciones y, como objetivos hipotéticos, inundar líneas de comunicación o negar agua al adversario. Los autores propusieron líneas de investigación y escenarios futuros: el documento acredita interés y planificación conceptual en un entorno académico militar, no una orden operativa ni que en 2025 se hubieran alcanzado todas esas capacidades. La propia portada advierte que las opiniones de los autores no equivalen a la política oficial de la Fuerza Aérea o del Gobierno de Estados Unidos.

Leídos junto a los documentos de Project Popeye, estos textos permiten distinguir tres planos: la operación militar que sí se ejecutó, la advertencia de un científico sobre usos futuros y un estudio que propuso desarrollar capacidades adicionales. La intención de explorar el clima como ventaja estratégica está documentada; cada supuesto uso posterior debe investigarse con sus propios registros.

Indonesia, 2026: un Gobierno reconoce operaciones para reducir la lluvia

Avión contratado por la agencia indonesia de desastres para una operación de modificación meteorológica en 2026
Avión contratado por la agencia indonesia BNPB para operaciones de modificación meteorológica, fotografiado en marzo de 2026. No es una imagen de la operación concreta citada en el texto. Foto: Jauhsekali · Wikimedia Commons · CC BY-SA 4.0.

El control de determinadas precipitaciones no pertenece exclusivamente a la historia.

Indonesia mantiene programas oficiales de modificación meteorológica y publica un registro de operaciones realizadas en su territorio.

La base consultada de su agencia meteorológica, BMKG, contiene 324 registros correspondientes a diferentes periodos.

Entre ellos figuran 102 operaciones clasificadas como reducción de precipitaciones para prevenir desastres, junto con 36 destinadas al llenado de embalses.

Los registros identifican periodos de actuación, territorios, operadores, entidades destinatarias y, cuando consta, materiales utilizados.

Fuente oficial: BMKG: registro público de operaciones de modificación meteorológica.

Aviones que dispersan sustancias para modificar las precipitaciones

Avión Lockheed Hudson utilizado en experimentos australianos de siembra de nubes en 1958
Lockheed Hudson empleado en experimentos de siembra de nubes de la CSIRO en Australia en 1958. Ilustra la técnica; no corresponde a una operación española. Foto: kenhodge13 · Wikimedia Commons · CC BY 2.0.

El 21 de enero de 2026, BMKG anunció operaciones desarrolladas con el Gobierno de Yakarta y la Fuerza Aérea indonesia.

La campaña se extendía del 16 al 22 de enero y contemplaba el uso de un avión Casa 212, matrícula A-2105, con materiales como cloruro sódico y óxido de calcio.

Su finalidad declarada era reducir el riesgo de inundaciones asociado a precipitaciones intensas.

Fuente: BMKG, 21 de enero de 2026: comunicado oficial sobre las operaciones de Yakarta.

Posteriormente, BMKG explicó que algunas operaciones intentaban adelantar las precipitaciones sobre el mar y limitar la intensidad de las lluvias sobre zonas urbanas.

Es importante precisar que el objetivo declarado era reducir los daños de las inundaciones, no provocar sequías o perjudicar deliberadamente a otras poblaciones.

La existencia de vuelos y operaciones está documentada. Su eficacia exacta y sus posibles efectos fuera de las zonas objetivo requieren evaluaciones independientes.

Fuente: BMKG, 9 de febrero de 2026: operaciones de modificación meteorológica para mitigar inundaciones.

Un mercado en el que también participan empresas privadas

El registro indonesio no recoge únicamente actuaciones ejecutadas directamente por organismos estatales.

También identifica operadores privados que prestan servicios de modificación meteorológica a administraciones y empresas.

Entre las finalidades declaradas figuran la reducción del riesgo de lluvias extremas, el apoyo a la gestión de incendios, la mejora de reservas de agua y el llenado de embalses.

Algunas operaciones están relacionadas con entidades del sector energético.

Fuente: BMKG: relación oficial de operaciones, operadores y destinatarios.

El precedente resulta relevante para nuestra investigación: existen servicios comerciales contemporáneos cuyo objeto es intentar influir sobre las precipitaciones en función de necesidades concretas de sus clientes.

Eso no significa que esos operadores controlen el clima a voluntad. Significa que la intervención meteorológica constituye una actividad económica real.

España contempla legalmente la modificación artificial de las precipitaciones

La legislación española reconoce expresamente la modificación artificial de la fase atmosférica del ciclo hidrológico.

El artículo 3 del Reglamento del Dominio Público Hidráulico, aprobado mediante el Real Decreto 849/1986, establece un régimen de autorización para las actuaciones destinadas a modificar el régimen de lluvias.

La norma contempla los posibles efectos negativos sobre las precipitaciones en otras áreas.

También exige un informe favorable de la Administración sanitaria cuando los procedimientos utilicen sustancias o formas de energía potencialmente perjudiciales para la salud.

Fuente: BOE: Real Decreto 849/1986, artículo 3.

No se trata de una referencia legal sin antecedentes prácticos.

La memoria de 2023 de la Cámara Agraria de la Comunidad de Madrid documenta una red de 14 generadores automáticos de núcleos de yoduro de plata, con cobertura prevista de 194.934 hectáreas en las comarcas de Las Vegas y parte de la Campiña.

La campaña se desarrollaba entre mayo y septiembre y tenía como objetivo la lucha contra el granizo.

Fuente oficial: Cámara Agraria de Madrid: memoria anual de 2023, apartado «Red antigranizo».

Por tanto, existen precedentes españoles documentados de utilización de sustancias para intentar modificar fenómenos meteorológicos.

Sin embargo, la documentación mencionada no demuestra la existencia de programas clandestinos de dispersión aérea destinados a impedir la lluvia en España.

Para establecer qué ocurrió específicamente entre 2024 y 2026 es necesario obtener las resoluciones, renovaciones y registros operativos correspondientes, documentación que todavía no hemos reunido de forma completa.

Los riesgos para la salud: lo que se ha demostrado y lo que sigue bajo investigación

Toda intervención que implique la liberación deliberada de sustancias en la atmósfera plantea una cuestión sanitaria: determinar qué se dispersa, en qué cantidades, cómo se transforma y a qué concentraciones puede quedar expuesta la población.

Los ensayos secretos británicos demostraron que estas actividades pueden realizarse sin información suficiente a los ciudadanos.

Los testimonios de problemas sanitarios publicados en 2002 reforzaron la necesidad de investigar sus consecuencias, aunque no demostraron que aquellos ensayos causaran las enfermedades denunciadas.

Fuente: The Guardian: investigaciones y denuncias sanitarias relacionadas con los ensayos británicos.

No obstante, sería un error científico tratar de la misma manera los antiguos ensayos con sulfuro de zinc y cadmio, las operaciones actuales de siembra de nubes y los proyectos de geoingeniería solar.

Son procedimientos diferentes, con sustancias, dosis, altitudes y finalidades distintas.

La Organización Meteorológica Mundial señala que los estudios publicados sobre el yoduro de plata utilizado en las cantidades habituales de anteriores operaciones de siembra de nubes no han encontrado impactos sanitarios o ambientales significativos.

Pero también advierte de que el empleo de cantidades considerablemente mayores o nuevas sustancias debe acompañarse de evaluaciones específicas.

Fuente: Organización Meteorológica Mundial, 14 de junio de 2025: WMO Statement on Weather Modification.

David Keith y las estimaciones de mortalidad asociadas a la geoingeniería solar

Existe una línea de investigación diferente, pero estrechamente relacionada con los riesgos de intervenir sobre la atmósfera: la modificación de la radiación solar.

Una de las tecnologías propuestas consiste en introducir aerosoles reflectantes en la estratosfera para reducir parte de la radiación solar que alcanza la superficie terrestre.

En 2018, Sebastian Eastham, Debra Weisenstein, David Keith y Steven Barrett publicaron un estudio científico sobre los posibles efectos sanitarios de un escenario hipotético de geoingeniería con aerosoles de sulfato.

El trabajo estimó, para 2040, aproximadamente 26.000 muertes prematuras adicionales al año respecto a un escenario sin esa intervención, considerando determinadas consecuencias sobre la calidad del aire y la exposición a radiación ultravioleta.

La cifra requiere una precisión esencial.

El intervalo de incertidumbre del estudio iba de 30.000 muertes menos a 79.000 muertes más al año. Además, buena parte de la estimación neta procedía de los cambios atmosféricos asociados al enfriamiento simulado, no exclusivamente de la toxicidad directa de las partículas dispersadas.

Los autores tampoco evaluaron todos los beneficios y perjuicios climáticos que podrían influir en la mortalidad.

Por tanto, no se trata de 26.000 muertes observadas, sino de una proyección científica para un escenario hipotético específico.

Fuente científica: Eastham y colaboradores, 2018, Quantifying the impact of sulfate geoengineering on mortality from air quality and UV-B exposure, Atmospheric Environment.

El hecho relevante es que la investigación sobre geoingeniería solar reconoce posibles impactos sanitarios graves bajo determinadas condiciones, y los estudia cuantitativamente.

Europa advierte de los riesgos de intervenir sobre el sistema climático

En diciembre de 2024, el mecanismo de asesoramiento científico de la Comisión Europea publicó una evaluación sobre las tecnologías de modificación de la radiación solar.

Sus expertos recomendaron una moratoria sobre su despliegue por los riesgos y las incertidumbres existentes.

Entre los problemas examinados figuraban las posibles alteraciones de los patrones de precipitación, los impactos ambientales, las consecuencias geopolíticas y las dificultades para establecer un marco de gobernanza internacional.

Fuente: Scientific Advice Mechanism de la Comisión Europea, 9 de diciembre de 2024: Solar radiation modification.

Aquí aparece una diferencia técnica fundamental.

La modificación meteorológica tradicional intenta actuar sobre fenómenos concretos, generalmente a escala local o regional.

La geoingeniería solar pretende intervenir sobre el balance energético terrestre, con posibles consecuencias de mayor alcance.

Ambas actividades merecen supervisión, pero no deben confundirse ni atribuirles automáticamente las mismas capacidades.

Quién decide sobre la lluvia y quién controla el agua

La dimensión económica aparece de forma reiterada a lo largo de esta historia.

En los años cincuenta, una compañía eléctrica española buscaba mejorar el agua disponible mediante servicios de modificación meteorológica.

Durante la guerra de Vietnam, un Estado pretendía utilizar precipitaciones adicionales para dificultar las comunicaciones de su adversario.

Actualmente, Indonesia publica operaciones destinadas a reducir lluvias intensas, proteger territorios y favorecer el llenado de embalses.

Son objetivos diferentes y no demuestran la existencia de un mismo plan internacional.

Pero tienen un elemento en común: la disponibilidad y distribución del agua pueden convertirse en objetivos de decisiones tecnológicas, militares y económicas.

El agua determina la productividad agrícola, la generación energética, el abastecimiento urbano y el funcionamiento de ecosistemas enteros.

Por eso, junto a la capacidad de intervenir sobre determinados procesos atmosféricos, resulta necesario investigar también quién administra los recursos hídricos, quién explota las infraestructuras y cómo se distribuyen los costes y beneficios.

La historia del Alberche demuestra que ya existía un interés económico por intentar aumentar las precipitaciones.

Lo que no demuestra es que las empresas hidroeléctricas, los actuales fondos de inversión o cualquier actor económico dispongan de capacidad para provocar deliberadamente sequías o controlar toda la lluvia de un territorio.

Establecer vínculos de ese tipo exige documentación empresarial, contractual y operativa específica.

Esa es precisamente la cuestión que merece una investigación económica propia.

Cronología documentada de los experimentos atmosféricos

FechaQué ocurrió
1891Louis Gathmann patentó una propuesta para intentar provocar lluvia liberando dióxido de carbono líquido en la atmósfera. La patente no acredita que el método funcionara.
Años 30August Veraart ensayó con hielo seco; Tor Bergeron y Walter Findeisen desarrollaron la explicación de la precipitación en nubes con hielo y agua sobreenfriada. Informe de la National Science Foundation.
1940-1979Se desarrolló un programa británico de ensayos de defensa química y biológica. No debe confundirse con experimentos de modificación de la lluvia.
1946Vincent Schaefer, de General Electric, demostró la formación de cristales de hielo con hielo seco y efectuó un ensayo aéreo de siembra de nubes. NSF.
1947Bernard Vonnegut identificó el yoduro de plata como agente de nucleación; Project Cirrus reunió a General Electric e instituciones militares estadounidenses y sembró un huracán. AMS y NOAA.
1948-1952Continuaron los ensayos de modificación de precipitaciones en Estados Unidos y el Reino Unido.
1952Reino Unido desarrolló Operation Cumulus. En España se contrataron experimentos de lluvia artificial en la cuenca del Alberche, según la referencia parlamentaria británica de 1954.
1955-1963El Reino Unido realizó ensayos de dispersión de partículas de sulfuro de zinc y cadmio para estudiar su transporte atmosférico. Parlamento británico.
1967-1972Estados Unidos aplicó técnicas de siembra de nubes con fines militares en el sudeste asiático durante Project Popeye. Departamento de Estado.
1968Gordon J. F. MacDonald examinó la posibilidad de utilizar modificaciones ambientales con fines hostiles en How to Wreck the Environment, reproducido en el Senado estadounidense.
1996Un estudio presentado a Air Force 2025 propuso investigar usos militares de la modificación meteorológica mediante escenarios futuros.
Décadas posterioresSe extendieron los programas antigranizo y de estimulación de lluvia o nieve. Más recientemente se investiga la geoingeniería solar, una categoría distinta de la siembra de nubes. Organización Meteorológica Mundial.

Tres documentos para comprobar los hitos

1891: la patente de Gathmann. El documento original, patente US462795A, fechado el 10 de noviembre de 1891, muestra una propuesta para producir lluvia mediante enfriamiento atmosférico. Prueba que se patentó la idea, no que produjera lluvia.

Primera página de la patente US462795A de Louis Gathmann, fechada el 10 de noviembre de 1891
Patente US462795A de Louis Gathmann, fechada el 10 de noviembre de 1891. Documento original de la Oficina de Patentes de Estados Unidos. Consultar la patente completa.

1940-1979: los ensayos británicos de defensa. Una respuesta del Parlamento británico de 2002 remite al informe sobre las pruebas de Porton Down de ese periodo. Estudiaban principalmente dispersión química y biológica; no significa que desde 1940 se modificara la lluvia.

1947: Project Cirrus. La reconstrucción histórica de la NOAA documenta la liberación de hielo seco desde un B-17 sobre un huracán el 13 de octubre de 1947. La operación tuvo participación militar, pero no se demostró que causara el posterior cambio de trayectoria.

La ciudadanía tiene derecho a conocer qué intervenciones se realizan sobre la atmósfera

Los antecedentes reunidos muestran una trayectoria histórica documentada.

Durante la Guerra Fría, el Reino Unido realizó experimentos secretos de dispersión de sustancias sobre zonas habitadas.

Sus fuerzas armadas investigaron métodos para producir precipitaciones y examinaron posibles aplicaciones militares.

En España, empresas hidroeléctricas contrataron ensayos de lluvia artificial durante los años cincuenta.

Estados Unidos utilizó la modificación meteorológica con fines militares durante la guerra de Vietnam.

En 2026, Indonesia continuaba publicando operaciones destinadas a influir sobre la distribución de las precipitaciones mediante aviones y materiales identificados.

España, por su parte, dispone de una legislación que contempla estas actividades y de antecedentes operativos documentados.

Cada uno de estos hechos tiene sus propias fuentes, finalidades y límites científicos.

No permiten afirmar que todas las alteraciones meteorológicas actuales sean artificiales, ni que cualquier estela visible en el cielo corresponda a una dispersión clandestina.

Estelas blancas cruzan el cielo azul sobre un paisaje urbano y montañoso
Estelas visibles en el cielo. Fotografía facilitada para este reportaje.

Pero sí justifican reclamar información pública detallada sobre cualquier operación autorizada de modificación meteorológica: sustancias, cantidades, operadores, localizaciones, fechas, estudios sanitarios, evaluaciones ambientales y posibles efectos fuera de la zona intervenida.

La transparencia no puede depender exclusivamente de las declaraciones de los promotores.

Tampoco basta con demostrar que una tecnología puede utilizarse. Es necesario saber cuándo se utiliza realmente, para qué y con qué resultados.

Porque la cuestión ya no es únicamente si se puede intervenir sobre la lluvia. La historia demuestra que se lleva décadas intentando hacerlo. La cuestión es quién toma esas decisiones, qué controles existen y cómo se protege a quienes dependen del agua y del aire.

Continúa la investigación: Quien controla la lluvia, controla el agua: el poder económico detrás de un recurso estratégico →

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