Antonio de Ulloa: el español que descubrió el platino y cambió el mundo sin que nadie se enterara
Cada viernes presentamos héroes que no salen en los libros de texto. Y hoy llega uno excepcional, propuesto por una oyente, Milagros, y traído por Paco Álvarez. Un nombre que debería estudiarse en los colegios y no se estudia: Antonio de Ulloa.
Fue científico del siglo de las Luces, marino, geógrafo, escritor, ingeniero, gobernador, organizador del comercio y, sobre todo, el hombre que descubrió y describió el platino en 1749. El metal existía, claro. Como existía la gravedad antes de Newton. Pero nadie lo había descrito ni había entendido su valor. Ulloa sí.
En aquel momento el platino era un estorbo: se pegaba al oro e impedía fundirlo. No servía para nada. Hoy es imprescindible. Catalizadores de coches, medicina oncológica, neurología, fibra óptica, discos duros. El metal que reduce la toxicidad de los humos que respiramos. Todo eso empieza con un científico español. Y casi nadie lo sabe.
Antonio de Ulloa nació en Sevilla y encarna al español ilustrado total. Participó en la misión geodésica internacional que midió el meridiano terrestre para resolver el debate científico del momento: si la Tierra estaba achatada en los polos o en el ecuador. Se demostró que Newton tenía razón. Pero eso fue casi lo de menos.
Fundó la Real Casa de la Geografía, creó el Gabinete de Historia Natural —hoy Museo Nacional de Ciencias Naturales—, mejoró la minería del mercurio (clave para la plata), participó en el Canal de Castilla, diseñó un sistema de correos para América centralizado en Cuba, fue primer gobernador español de Luisiana, comendador de la Orden de Santiago. Una vida que da para películas, series y documentales. No hay ni una.
Y hay un episodio que define a la perfección lo que fue Ulloa y lo que fue la ciencia. En uno de sus viajes de regreso a España, los ingleses apresaron su barco. Lo llevaron a Londres. No lo encarcelaron. Estudiaron su documentación, lo nombraron miembro de la Royal Society y lo pusieron a dar conferencias y publicar trabajos científicos. La ciencia no tenía fronteras. Era un hombre de honor.
¿Monumentos? Pocos. Alguna estatua en Madrid, un busto en Ecuador, una calle en Sevilla. Su verdadero monumento es el platino, ese metal carísimo por el que hoy se roban catalizadores. El platino descubierto por un español al que España ha decidido olvidar.
Mientras tanto, tenemos universidades y calles con nombres de personajes que defendieron la eugenesia, el racismo o la exclusión, y no una universidad dedicada a Antonio de Ulloa. Algún día habrá que hacer memoria histórica de la de verdad. Y entonces caerán muchos nombres.
Hoy, al menos, queda dicho.
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