Es indigno que Sánchez no acudiera al funeral: un motivo más para dimitir
Hay ausencias que pesan más que mil discursos.
Y la de Pedro Sánchez en el funeral por las víctimas fue una de ellas.
No es una cuestión de protocolo.
No es una cuestión de agenda.
Es una cuestión de dignidad institucional.
Un presidente del Gobierno no puede ausentarse del acto más solemne de homenaje a las víctimas de una tragedia nacional. No puede esconderse, no puede delegar y no puede mirar hacia otro lado esperando que el tiempo lo diluya todo.
José Luis Rancaño lo expresó con claridad en este programa: la ausencia de Sánchez en el funeral es, por sí sola, motivo suficiente para dimitir.
Mientras España despedía a sus muertos, el presidente no estaba. Y eso no se olvida.
El funeral de Huelva: respeto ciudadano frente a cálculo político
Lo ocurrido en Huelva fue ejemplar por parte de los ciudadanos.
No hubo gritos, no hubo insultos, no hubo tensión. Hubo silencio, respeto y dolor contenido.
Precisamente por eso resultó tan elocuente el comportamiento de parte del Gobierno.
Los ministros que acudieron lo hicieron por la puerta de atrás, evitando el contacto con los familiares, manteniendo distancia, sin un solo gesto sincero de cercanía.
No se acercaron a una viuda.
No abrazaron a un huérfano.
No dijeron nada que no sonara a trámite.
La sensación fue clara: estaban allí por obligación, no por convicción.
El contraste con los Reyes
Hubo un contraste que no pasó desapercibido.
Los Reyes sí se acercaron a las víctimas. Escucharon, abrazaron, permanecieron.
Dentro del templo, solo hubo un aplauso durante toda la ceremonia.
No fue para el poder político.
Fue para una joven que recordó algo esencial: el centro del acto no era el presidente, ni el Gobierno, ni las autoridades. Eran las víctimas.
Ese momento retrató mejor que cualquier editorial quién estuvo a la altura… y quién no.
La ausencia que nadie explicó
Pedro Sánchez no acudió.
Y nadie dio una explicación convincente.
No fue prudencia.
No fue respeto.
Fue miedo al rechazo y cálculo político.
Un presidente que no da la cara cuando el país llora no representa a todos. Representa solo a sí mismo y a su estrategia.
Un presidente no se mide solo cuando gobierna.
Se mide, sobre todo, cuando acompaña.
Y quien no está cuando debe estar,
no merece seguir donde está.
Carta al Rey Felipe VI: una petición ciudadana
Miles de españoles piden que la Corona ejerza su papel constitucional con ejemplaridad e independencia.
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