Es una organización criminal perfectamente coordinada la que roba los votos por correo en España

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Lo que está ocurriendo con el voto por correo no es un fallo puntual ni una suma de negligencias. Es una operación criminal perfectamente organizada, con conocimiento técnico, con logística y con objetivos claros. Y lo digo así porque es exactamente lo que se está viendo sobre el terreno.

No hablamos de improvisación. Se detectan picos anómalos de solicitudes de voto por correo concentradas en horas, algo que no ocurre de forma natural. Lo normal es un goteo. Aquí no. Aquí hay vectores claros de manipulación. A partir de ahí, el siguiente paso es físico: asaltos coordinados a oficinas, robo de cajas fuertes, apertura de sobres y alteración del sentido del voto.

Esto no lo hace un espontáneo. Esto lo hace una organización.

Hay municipios donde los asaltantes no encontraron los votos porque, por suerte, las sacas ya habían sido enviadas a Mérida. En otros, el daño es irreversible. Porque cuando se roba voto por correo ocurre algo gravísimo: se rompe el secreto del voto. Dentro del sobre está la identidad del votante y su elección. Se puede cambiar la papeleta, volver a cerrar el sobre y reintroducirlo en el sistema. El ciudadano nunca lo sabrá. Vota a ciegas.

No existe trazabilidad. No hay código de seguimiento para el votante. En cualquier envío certificado lo hay. En el voto, no. Eso no es casualidad, es una brecha de seguridad estructural.

Y hay algo más inquietante todavía: el sistema informático es vulnerable. Se puede anular un voto solicitado por correo, se puede alterar el proceso y no deja rastro visible para el ciudadano. Esto no es una opinión. Es técnicamente posible. Y cuando algo es posible y además no se corrige durante años, deja de ser un riesgo para convertirse en un método.

Por eso insisto en que lo de Extremadura no es un caso aislado. Es un ensayo. Un test para medir reacción social, política y mediática. Y si cuela, se replica. Porque cada voto cuenta, especialmente en circunscripciones donde un escaño se decide por decenas o cientos de votos.

En otros países europeos, por mucho menos, se han repetido elecciones. Aquí no. Aquí se mira para otro lado. En 2023 300.000 votos por correo no llegaron a contabilizarse. Se siguió adelante. Ninguna medida estructural se adoptó después. Ninguna.

Esto no va de partidos. Va de democracia. Si se pide el voto, hay que cuidarlo. Y hoy en España no se cuida. Se expone. Se vulnera. Se manipula.

Lo que estamos viendo es un antes y un después. Porque ahora ya no hablamos de sospechas abstractas, sino de hechos concretos, robos físicos, patrones repetidos y un sistema que permite que todo esto ocurra.

Y mientras no se cierre esa brecha, el fraude seguirá siendo posible. Y cuando el fraude es posible, alguien siempre lo utiliza.

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