Las actas electorales del 23-J demuestran que el voto en España es un fraude constante
Hay momentos en los que uno deja de hablar de sospechas para empezar a hablar de hechos. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo con las actas electorales del 23J.
Durante meses, nos han repetido que en España “no pasa nada”, que el sistema es limpio, que todo funciona correctamente. Pero cuando accedes a las actas —las oficiales, las que nadie debería poder discutir— la realidad empieza a incomodar.
Gente votando sin estar en el censo.
Personas que votan dos veces, por correo y presencial.
Papeletas introducidas aprovechando descuidos.
Urnas abiertas antes de tiempo.
Descuadres entre votantes y votos que se “corrigen” eliminando papeletas al azar.
No son teorías. Está escrito. Está documentado. Y, lo más grave, no ha pasado absolutamente nada después.
Hemos hablado con peritos, hemos visto actas, hemos escuchado testimonios. Y lo que aparece no es un fallo puntual. Es un patrón. Un sistema donde lo único importante parece ser que “cuadren los números”, aunque eso implique ajustar votos sin saber de quién eran.
Hay casos concretos que son difíciles de justificar:
– Un ciudadano vota estando dado de baja en el censo
– Otro consigue que su voto cuente dos veces
– En algunas mesas, cuando los números no cuadran, se elimina un voto válido al azar
Y la pregunta no es si esto ocurre. La pregunta es otra:
¿Por qué nadie lo investiga?
Las incidencias quedan registradas en acta. Con nombres. Con DNI. Con detalle. Pero ni la Junta Electoral actúa, ni los partidos denuncian, ni las instituciones reaccionan.
Y mientras tanto, los verificadores oficiales insisten en que todo es perfecto.
La realidad es más incómoda:
Estamos ante un sistema opaco, poco transparente y lleno de grietas.
Si en una mesa hay tres, cuatro o cinco incidencias, y multiplicamos eso por decenas de miles de mesas, el problema deja de ser anecdótico.
Pasa a ser estructural.
Aquí no se trata de ideología. Se trata de algo mucho más básico:
la confianza en el sistema democrático.
Porque cuando un ciudadano empieza a sospechar que su voto puede no valer lo mismo que el de otro, o que puede ser eliminado “para cuadrar”, lo que se rompe no es una elección.
Se rompe algo mucho más importante.
Y la sensación es clara:
esto no fue un error puntual. Esto fue permitido.
Carta al Rey Felipe VI: una petición ciudadana
Miles de españoles piden que la Corona ejerza su papel constitucional con ejemplaridad e independencia.
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