Margarita Robles debe ser juzgada por una posible omisión de socorro
Soy Susana Gasch, colaboradora de Castillón Confidencial, y escribo este artículo desde mi canal Confesiones Confidenciales , donde escucho testimonios que rara vez entran en el relato oficial. El que traigo hoy no es cómodo, pero es necesario.
Hay declaraciones que no resisten el contraste con la realidad. Y hay momentos en los que mentir no es un error, sino una responsabilidad política y moral. Eso es exactamente lo que ocurre cuando la ministra de Defensa, Margarita Robles, asegura que el Ejército actuó “desde el minuto uno” durante la tragedia de la DANA en Valencia.
Lo digo con claridad porque los hechos, los testimonios y las voces que hemos escuchado no encajan con ese relato. Encajan, en cambio, con algo mucho más grave: la ausencia de órdenes, el bloqueo administrativo y la parálisis mientras la gente pedía auxilio.
En este canal hemos escuchado a una sargento del Ejército, con todas las cautelas que implica hablar cuando te juegas el cargo. Su testimonio es demoledor. Estaban preparados, movilizados, con material, subidos a los camiones… y no les dejaban ir. Literalmente. La orden era clara: “de momento aquí no se mueve ni Dios”.
Mientras tanto, familias enteras llamaban desesperadas desde Valencia preguntando por qué no llegaba nadie. Padres, hermanos, primos, gente atrapada. Y quienes podían ayudar, no podían moverse. No por falta de medios. No por incapacidad. Por falta de órdenes.
Aquí no hablamos de opiniones políticas. Hablamos de una cadena de mando que no funcionó. De una activación que se retrasó. De una ayuda que no llegó cuando tenía que llegar. Y mientras tanto, más de 200 personas murieron.
La propia estructura militar lo deja claro. La ministra está asesorada por la cúpula: el JEMAD y los jefes de Estado Mayor de cada ejército. En el caso de la UME, es un general quien organiza y solicita recursos. Pero si no hay activación política clara, todo se frena. Y eso fue lo que pasó.
Hemos escuchado también a ciudadanos que vivieron la tragedia en primera persona. Gente que se acostó sin luz ni agua, pensando que al amanecer estarían la Guardia Civil, los bomberos, el Ejército. Pero al amanecer no había nadie. Solo cadáveres. Nadie más.
Por eso, cuando se afirma que se actuó desde el primer momento, alguien no está diciendo la verdad. Y cuando hay víctimas, mentir no es un simple desliz. Es algo mucho más grave.
Desde este canal humilde, y junto a quienes nos siguen, lo digo sin rodeos: la ministra de Defensa debería ser juzgada políticamente por una posible omisión de socorro. Y no solo ella, sino todo el Gobierno que tenía responsabilidades en ese momento.
Gobernar no es salir en ruedas de prensa a exigirse disculpas unos a otros. Gobernar es llegar a tiempo. Y esta vez, no se llegó.
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