Portugal prohíbe el burka: la inacción de España frente a la imposición cultural y la hipocresía europea
Amigos, el tiempo nos da la razón una vez más. Portugal acaba de prohibir el burka en espacios públicos, y lo ha hecho con un firme propósito: la seguridad. Mientras nuestros vecinos avanzan, aquí, en España, la inacción y el silencio son la norma. Ni siquiera se permite el debate, y por eso, precisamente, lo traemos a la mesa.
El paso firme de Portugal y la hipocresía europea
El Parlamento de Portugal ha tomado una decisión clara: prohibir el burka y el niqab –esa vestimenta oscura que solo deja al descubierto los ojos– en lugares públicos. Quien incumpla esta normativa se enfrenta a multas que oscilan entre los 200 y los 4000 euros. Sorprendentemente, o quizás no tanto, Amnistía Internacional en Portugal ha calificado esta medida como una amenaza para los derechos humanos. Sin embargo, la mayoría del pueblo portugués, según parece, está de acuerdo. ¿No es esto una hipocresía flagrante?
La doctora en derecho Elena Ramallo lo ha dejado muy claro: en Portugal, esta medida ha sido impulsada por la derecha, con la izquierda y Amnistía Internacional en contra. Lo curioso es que, en otros países de mayoría musulmana, esta misma organización sí denuncia la vulneración de derechos humanos. Pero en Occidente, ¡oh, paradoja!, taparse, ser un ser invisible, se convierte en una defensa de los derechos humanos. Esto es una hipocresía de la que nos tienen acostumbrados tanto las ONG que viven de las subvenciones públicas como la izquierda. Es imposible que una mujer, tapada de arriba abajo, sea un símbolo de libertad o dignidad. Es una imposición, y el que no lo vea, es que no quiere ver.
Portugal no está solo en esta decisión. Países como Francia, Bélgica, Austria, Dinamarca o Suiza ya han implementado medidas similares. Todos ellos lo hacen por motivos de seguridad, y el Tribunal Europeo, en distintas ocasiones, ha dado la razón a los países que han regulado sobre este tema. Europa debería ir mucho más allá en la defensa de la libertad y los derechos de las mujeres y las niñas, en lugar de permitir que una cultura o religión imponga medidas contrarias a nuestra civilización. Sin embargo, aquí no se hace nada.
España, entre la inacción y el perfil bajo
En España el debate cada vez que intenta llegar al Congreso de los Diputados se mete en un cajón. Especialmente con el gobierno actual. ¿Por qué aquí no se actúa? La respuesta es sencilla, y a la vez, vergonzosa. Mientras Vox quiere llevarlo al Parlamento y tiene claro que no quiere que las mujeres en España vayan tapadas ni que la cultura islamista vaya contra los derechos de las mujeres, el Partido Popular se pone de perfil. En el momento en que se les tacha de machistas, racistas o islamófobos, se ablandan, se arrugan y adoptan la postura del “yo pasaba por aquí”. Esto lo vemos con el burka, con la ley trans y con tantas otras cuestiones fundamentales. Necesitamos una normativa europea al respecto, pero mientras tanto, la cobardía política nos deja desprotegidos.
La imagen del Mundial: ¿Orgullo o imposición?
Hay una imagen que todos vimos en la final del Mundial femenino: esa niña velada en la final del mundial de la mano del capitán del equipo español. Aquella escena, queridos amigos, no fue casual. Tiene varias lecturas, todas ellas graves. Primero, se asume en Occidente, y en un evento de tal magnitud, que las niñas tienen que ir tapadas porque son impuras. Es decir, asumimos las imposiciones islamistas. Y segundo, y no menos grave, se asocia directamente a las niñas tapadas y musulmanas con España. España no es un país musulmán, pero se intenta imponer esta asociación desde el gobierno y desde Europa.
Es una vergüenza que la imagen de España que se proyecta al mundo sea la de una niña tapada por ser considerada impura. Las niñas españolas no son así. Y duele más aún que sea una menor de edad, casi un bebé. Recordemos que estas obligaciones de taparse comienzan con la menstruación, cuando, según esta visión, las mujeres son impuras. ¿Cómo podemos educar en igualdad y libertad si permitimos que se obligue a nuestras niñas a ir tapadas en nuestras escuelas?
La regulación en las escuelas es fundamental. Aunque con los pactos entre Vox y el Partido Popular empiezan a verse algunas medidas en comunidades autónomas, a nivel nacional, la prohibición de ir con burka o niqab a clase aún no ha llegado. Es una de las luchas que Elena Ramallo lleva años intentando regular y que seguirá defendiendo. No podemos permitir que la educación en igualdad se vea comprometida por imposiciones religiosas.
El «Síndrome de Estocolmo» del velo
Siempre que se aborda este tema, aparece alguna mujer que, llevando el burka o incluso guantes, como hemos visto, afirma que es un símbolo de orgullo, no de opresión. Dicen que representa su fe, su dignidad, su elección. Cuando las mujeres que lo llevan se sienten orgullosas, tenemos un problema aún mayor. La doctora Ramallo lo ha calificado como el Síndrome de Estocolmo.
Estas personas han nacido cautivas, con una imposición mental de que deben ir tapadas para no deshonrar a su familia o a su dios. Pero la realidad es que esta imposición, en su forma más radical, ni siquiera está recogida así en el Corán. Son la parte más radical del islamismo, y se les da voz en foros internacionales para difundir un mensaje erróneo: que lo eligen libremente. Déjenme ser claro: Nadie elige libremente ser invisible, ir tapado de arriba a abajo. Eso es mentira. Absolutamente mentira.
¿Hacia una regulación nacional?
La pregunta es evidente: ¿para cuándo una norma como la de Portugal en España? La respuesta, por desgracia, es descorazonadora: cuando el Partido Popular y Vox sean capaces de llevarlo al Parlamento y tengan la mayoría absoluta. Y ni aun así está garantizado, porque una parte importante del PP es reticente a esta normativa. Por tanto, parece que será Vox quien empuje del carro si queremos ver un cambio real en la defensa de la libertad y la dignidad de las mujeres en nuestro país.
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