Presos liberados y delincuentes en Ceuta: la dimensión más grave de la presión marroquí

Guardia Civil y Policía Nacional rastreando a recién llegados en Ceuta, con el fondo de la frontera.
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Desde este diario digital, hemos denunciado sin descanso la invasión de Ceuta, una afrenta a nuestra soberanía que ha puesto de manifiesto la fragilidad de nuestra nación y la impunidad con la que Marruecos opera. Pero la gravedad de la situación, lejos de disminuir, se agrava con cada nueva revelación, desvelando una estrategia marroquí de una crueldad y un cálculo político que nos deja sin aliento. Lo que hemos descubierto en las últimas horas no es solo una crisis migratoria, ni siquiera una mera presión fronteriza; es una amenaza directa a la seguridad nacional, orquestada con una frialdad escalofriante.

Nuestras fuerzas de seguridad, la Guardia Civil y la Policía Nacional, están realizando un trabajo titánico y encomiable, rastreando los rostros de cada uno de los que llegaron a Ceuta durante aquellos días aciagos. Y lo que están encontrando confirma nuestros peores temores: entre los recién llegados, no solo hay personas en busca de una vida mejor, sino también un número alarmante de violadores, delincuentes comunes, asesinos, estafadores y, lo más preocupante, yihadistas. No es una conjetura, es una realidad que nuestros agentes están documentando con enorme dificultad y riesgo.

Pero la dimensión más perversa de esta estrategia marroquí se revela al conocer el origen de muchos de estos individuos. No es casualidad que, justo el mismo jueves en que se produjo la invasión masiva de Ceuta, Mohamed VI cometiera la barbaridad de liberar a 1700 presos de sus cárceles. Y por si esto fuera poco, apenas diez días antes, había liberado a otros 100 reclusos más. La pregunta es obvia y la respuesta, aterradora: ¿dónde creen que están esos individuos? ¿Acaso han vuelto a sus hogares en Marruecos? No, no estamos hablando de los niños con iPhone que, manipulados, convirtieron la invasión en una suerte de excursión para redes sociales. Estamos hablando de los delincuentes de verdad, los más peligrosos, aquellos que ahora, con toda probabilidad, siguen en Ceuta, campando a sus anchas, representando un peligro constante para nuestros ciudadanos.

La intención de Marruecos es clara y descarada: quiere que estos criminales se queden aquí. La colaboración de Rabat en la identificación y repatriación de estos elementos es cero, nula, inexistente. Marruecos no solo no ayuda, sino que parece regocijarse en la idea de que estos peligrosos individuos permanezcan en territorio español. Es una táctica de presión inaceptable, una forma de desestabilización que va mucho más allá de las reivindicaciones territoriales. Es una agresión directa a nuestra seguridad y a la paz de nuestras ciudades. Y lo que es aún más grave, las informaciones que manejamos sugieren que Marruecos seguirá enviando delincuentes hasta más allá del Mundial 2030. Es una estrategia a largo plazo, calculada, diseñada para mantener a España bajo una presión constante y asfixiante.

Y mientras esta amenaza se cierne sobre Ceuta y, por extensión, sobre toda España, ¿cuál es la respuesta de nuestro gobierno? ¿Cuál es la postura de la Corona? Permítanme decirles que es desesperante. Hemos visto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, desplazarse a Ceuta, no para ofrecer soluciones contundentes o para defender con firmeza nuestra soberanía, sino para anunciar la instalación de vallas de protección. ¿Se quiere reír de todos los españoles? ¿De verdad cree que unas vallas detendrán una estrategia de esta magnitud, orquestada por un Estado vecino? Es una burla, una medida cosmética que no aborda la raíz del problema.

Y el Rey, durante los tres días que duró la invasión, estuvo en Maribén, sin abrir boca, sin una declaración contundente, más allá de una «notita de prensa» lanzada con la máxima prudencia y, sospechamos, vigilada de cerca por Moncloa. Mientras Ceuta ardía, mientras nuestros ciudadanos sentían el miedo en sus propias calles, el Rey se dejaba ver probando un barco para las regatas de la Copa del Rey. El uno nadando en la playa, el otro navegando, y para defender España, ya estamos nosotros, los ciudadanos, los que pagamos impuestos y aguantamos a políticos corruptos. Es una imagen que hiela la sangre y que transmite una sensación de abandono absoluto.

La población de Ceuta, y con ella, muchos españoles de bien, se sienten absolutamente preocupados. La inacción y la pasividad de nuestras instituciones ante una agresión tan calculada son incomprensibles. Como nos decía una oyente, Anabel, tras ver que el ejército no hizo nada en la gota fría de Valencia, ya le quedó claro que tampoco harían nada por Ceuta y Melilla. Y es que, como otros muchos confidenciales nos han hecho llegar, la sensación general es que «todo está vendido, absolutamente todo». La indignación es palpable, la gente se pregunta qué podemos hacer para ayudar a Ceuta y Melilla, que al fin y al cabo es ayudarnos a nosotros mismos. Se proponen medidas como aumentar los aranceles a Marruecos, cerrar las fronteras a mercancías, pero la realidad es que con este gobierno, parece que «no tenemos nada que hacer».

La presencia de estos delincuentes liberados, de yihadistas, de asesinos, no es un efecto colateral de la crisis migratoria; es una herramienta de presión deliberada de Marruecos, un arma arrojadiza contra nuestra seguridad y nuestra estabilidad. Y ante esto, la falta de una respuesta contundente, la pasividad de quienes deberían defendernos, es una alta traición a los principios más básicos de la nación. No podemos permitir que Ceuta se convierta en un refugio para la criminalidad organizada y el terrorismo, ni que la estrategia de un país vecino dicte el futuro de nuestras ciudades autónomas. La situación es crítica, y exige una reacción firme, inmediata y sin paliativos.

Otras noticias destacadas del programa de hoy.

En la edición de hoy, también hemos abordado la supuesta coordinación internacional detrás de la invasión de Ceuta, con implicaciones para el gobierno español. Hemos desgranado las revelaciones sobre el espionaje Pegasus y su posible vínculo con la inamovilidad de ciertos ministros en el Ejecutivo. Asimismo, hemos puesto el foco en los presuntos nexos del ministro Luis Planas con Marruecos y el consecuente incremento de las importaciones agrícolas, sin olvidar el alto salario de su esposa en un organismo de la ONU. Otro punto de atención ha sido la preocupante postura de Estados Unidos e Israel sobre el estatus de Ceuta y Melilla, y la contundente refutación histórica de su supuesta colonialidad. Finalmente, hemos analizado la investigación abierta por la Audiencia Nacional sobre la invasión de Ceuta y posibles delitos contra la seguridad del Estado.

Quienes deseen ampliar la información y conocer el análisis completo pueden acceder al programa íntegro en nuestro canal de YouTube.

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