“Salvador Fidalgo: el español que hizo vecinas a España y Rusia”
Amigos, los viernes tenemos un compromiso que para mí es casi una obligación moral: rescatar a los héroes anónimos de nuestra historia, a esos españoles que hicieron cosas gigantescas y que hoy nadie estudia en los colegios. La historia oficial ha preferido olvidarlos, pero aquí no vamos a permitir que desaparezcan.
Hoy les hablo de alguien que unió a España con Rusia y que tiene mucho que decir en la situación política y geográfica actual de muchos países. Si les digo su nombre, es posible que no les suene: Salvador Fidalgo López García. Y eso ya es un síntoma de cómo tratamos nuestra propia memoria.
Paco Álvarez, que cada semana nos descubre estas joyas, lo explicó con entusiasmo: Salvador Fidalgo hizo que España y Rusia fueran vecinas, que tuvieran frontera común en el norte del Pacífico. Imagínense la dimensión de esa gesta.
Este catalán nacido en La Seu de Urgel, hijo de navarros y español por todos los costados, recibió primero el encargo de hacer los mapas de todos los puertos de España, un trabajo titánico para el siglo XVII. Después le encomendaron algo todavía más audaz: tomar posesión de las costas del Pacífico Norte, porque por Alaska ya estaban llegando los rusos.
Fidalgo empezó a explorar hacia el norte. Llegó a lo que hoy es Puerto Valdez, fue uno de los fundadores de la isla de Vancouver en Canadá y siguió subiendo hasta el actual Anchorage, donde ya encontró presencia rusa. Y allí, de forma pacífica, se alcanzaron acuerdos: hasta aquí llega España y a partir de aquí empieza Rusia.
Estamos hablando de derechos españoles sobre costas americanas que se remontan al siglo XV, cuando Núñez de Balboa descubrió el Mar del Sur, el Pacífico, y tomó posesión de todas sus riberas en nombre de los Reyes de España. Durante siglos aquel océano fue llamado el lago español, porque éramos los únicos capaces de navegarlo.
Fidalgo llevó esa herencia al extremo norte. Estuvo en la moderna Córdoba de Alaska, en la isla de Kodiak, en Punto Gravina, lugares que fueron territorio español y que se disputaron con los rusos. Incluso se habla de una especie de guerra entre Rusia y España en Alaska, que no llegó a mayores porque los ejércitos nunca llegaron a encontrarse en aquel territorio inmenso.
Es asombroso pensarlo: un español de La Seu de Urgel colocando la frontera española con Rusia. Y aquí nadie lo sabe. En el estado de Washington hay una isla llamada Isla Fidalgo, hay un puerto con su nombre en Alaska, y en España apenas sabemos que fuimos vecinos de Rusia.
Allí donde hacía una pausa, Fidalgo plantaba una cruz y dejaba un escrito para que constara que aquella costa era territorio español. Así se construyó un imperio sin hacer ruido, con sentido del deber y del honor.
Su final fue triste, como el de tantos. En 1795 vio cómo el gobierno español entregaba a Gran Bretaña gran parte de lo que él había descubierto. Murió en 1803 en Tacubaya, cerca de México, sin pena ni gloria, después de haber llevado la bandera de España más al norte que nadie en la historia.
España ha tratado muy mal a sus héroes. Lo dijo Paco Álvarez y lo suscribo: han procurado que olvidemos a Salvador Fidalgo. Y sin embargo, gracias a personas como él, España no dejó de crecer desde Covadonga hasta el final del reinado de Carlos I.
Han pasado apenas dos siglos y medio, nada en términos históricos, y ya no sabemos quién fue. Por eso este espacio tiene sentido: para recordar que hubo españoles capaces de lo imposible y que nuestra historia es mucho más grande de lo que nos cuentan.
Como bromeamos en antena, a ver si Putin se entera y nos reclama Alaska como el Donbás. Bromas aparte, lo importante es recuperar el orgullo de saber quiénes fuimos. Y para eso hay que seguir a Paco Álvarez, descubrir sus Historias Confidenciales y volver a mirar nuestra historia sin complejos.
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