Tezanos tiene 5,5 millones de dólares en cuentas en Dominicana y Ecuador

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Señores, hay asuntos que retratan a un país mejor que cualquier discurso. El Senado ha pedido al servicio de prevención de blanqueo de capitales, el Sepblac, que investigue presuntas cuentas de Félix Tezanos en distintos países como Ecuador y República Dominicana. Hablamos del presidente del CIS, el hombre del PSOE colocado por Sánchez en 2018 para cocinar encuestas con dinero público que, de sobra es conocido, no reflejan la realidad y siempre benefician al Gobierno.

El abogado que ha destapado este asunto es Eduardo Martín Duarte, un jurista que ya ha puesto sobre la mesa otras denuncias similares. Le pregunté directamente de qué cifras hablamos y la respuesta fue demoledora: 5 millones y medio de dólares en seis cuentas diferentes.

Según su denuncia, en República Dominicana existirían tres depósitos de un millón de dólares cada uno en el Banco Caribe, en el Banco Proamérica y en el Banco Santa Cruz. Y todas, atención, a nombre de José Luis Tezanos Tortajada, el presidente del CIS.

Las fechas tampoco son antiguas ni heredadas de otra vida: las cuentas dominicanas se habrían abierto en mayo de 2023 y en octubre de 2024. En Ecuador aparecerían otras tres, una exclusivamente a nombre de Tezanos y dos más de 50.000 dólares a nombre de su hijo Sergio, con su nuera Ainoa Quiñones y con el propio Tezanos como autorizado.

La pregunta es evidente: ¿qué explicación puede tener que un cargo público con dedicación exclusiva pase de declarar menos de 140.000 euros en el BOE a acumular 5,5 millones de dólares en el extranjero? El abogado lo dijo sin rodeos: el cargo que ocupa Tezanos le impide dedicarse a otra actividad que no sea escribir libros o dar conferencias, y con eso no se ganan cinco millones y medio.

La sospecha, por tanto, es gravísima: que ese dinero pueda ser el pago por las encuestas a medida que el CIS viene realizando para favorecer al PSOE. Esas encuestas que siempre dan ganador a Sánchez y que pagamos todos los españoles.

Martín Duarte defiende la absoluta fiabilidad de sus fuentes y recuerda algo clave: cuando se pone en duda el sistema financiero de un país, lo normal es que las autoridades salgan a desmentirlo. Y ni la Superintendencia de Bancos de República Dominicana ni ninguna institución ha negado la existencia de estas cuentas.

No es la primera vez que ocurre. Ya hablamos aquí de las supuestas cuentas de Begoña Gómez, también en Dominicana, y cada vez que se pregunta oficialmente, la respuesta es el silencio o el desvío de la pelota. Para el abogado, ese silencio es casi una confirmación.

El problema de fondo es aún más inquietante. ¿Por qué en España, con números de cuenta, bancos concretos, fechas e ingresos detallados, la justicia ni siquiera inicia una investigación real? La Audiencia de Madrid llegó a archivar la denuncia sin practicar diligencias.

El letrado fue durísimo al describir la situación: la corrupción en España es sistémica y afecta también al sistema judicial. Investigar a fondo implicaría consecuencias para demasiados poderes del Estado, y por eso todo termina en un cajón.

La solución sería tan sencilla como demoledora: que los propios bancos certifiquen que esas cuentas no existen. Bastaría un documento oficial para desmontarlo todo. Pero nadie lo hace. Y mientras tanto, el Senado ha decidido mover ficha y encargar al Sepblac que investigue.

El abogado reconoce que no se fía de casi nadie, pero admite que dentro del aparato del Estado el Sepblac es de lo más limpio. Aun así, recuerda que depende del Ministerio de Economía y, por tanto, del Gobierno.

Lo grave de este asunto no es solo la posible existencia de esas cuentas. Lo realmente escandaloso es que, con los datos aportados, en España no se quiera investigar. Hablamos del presidente del organismo público que marca el relato demoscópico del país, del hombre que decide qué piensa supuestamente la sociedad.

Si mañana cualquiera de esos bancos presentara un certificado negando las cuentas, el caso se caería. Pero nadie lo hace. Y mientras tanto, seguimos pagando con dinero público unas encuestas que, casualmente, siempre aciertan a favor del poder.

Estamos ante un asunto que huele a cloaca, a blanqueo y a compra de voluntades. Y este programa, como siempre, no va a mirar hacia otro lado. Porque la corrupción institucional empieza cuando se manipula la verdad y termina cuando se compra el silencio.

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