Toda Europa adopta las normas de inmigración de Meloni excepto España, se ha quedado sola

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Lo que está ocurriendo con la política migratoria en España es, directamente, suicida. Mientras el resto de Europa endurece su posición y aplica el llamado modelo Meloni, aquí seguimos jugando a la puerta giratoria sin control, votando en contra de cualquier intento serio de ordenar la situación.

En 2023, España recibió 1.250.991 inmigrantes registrados. Más que Francia, Italia, Países Bajos y Dinamarca juntos. Y remarco lo de “registrados”, porque además hay una cantidad desconocida de inmigrantes ilegales cuya presencia solo se descubre cuando cometen delitos. No sabemos quiénes son, ni de dónde vienen, ni cuál es su historial sanitario, psiquiátrico o penal. Y, a diferencia de otros países europeos, aquí no se exige ningún control previo serio.

El periodista Unai Cano, de La Gaceta, lo sintetiza con un dato demoledor:
España tiene ahora mismo el sistema migratorio más ineficaz de toda la Unión Europea, dentro de una UE que ya está fallando gravemente en este tema. Mientras tanto, el resto del continente avanza en otra dirección.

Ayer mismo, se aprobó el plan Meloni a nivel europeo, que permite deportaciones exprés de inmigrantes ilegales que cometan delitos. Es puro sentido común: si alguien entra de manera ilegal y encima delinque, se le devuelve de inmediato a su país o a un tercer país seguro pagado por Bruselas, donde se construirán centros para gestionar estos casos.

¿Y qué hizo el Gobierno de Pedro Sánchez?
Votar en contra.
Mientras toda Europa endurece criterios, España se ha quedado sola, convertida en la única gran puerta de entrada mediterránea. Antes, la presión se distribuía entre Grecia e Italia. Hoy, todos miran al sur de España, a Canarias, Andalucía y Baleares, como principal vía de acceso.

Los datos de criminalidad que cita Cano son igual de inquietantes:

  • En Cataluña, con menos del 18% de población inmigrante, estos cometen casi el 70% de los delitos.
  • En el ámbito de delitos sexuales, la sobrerrepresentación de extranjeros —especialmente de procedencia islámica— es evidente.
  • En la última década, los varones inmigrantes habrían cometido casi el 40% de los asesinatos de mujeres.
  • Este año, las víctimas de violencia de género asesinadas por inmigrantes superan el 40%, con momentos en los que han rebasado el 50%.

Pese a ello, la reacción de la izquierda, desde el Gobierno hasta sus socios, ha sido rechazar incluso que se publique la nacionalidad de los delincuentes, porque “estigmatiza”. Si de verdad creyeran que no hay vínculo entre inmigración descontrolada y delincuencia, deberían estar encantados de que los datos se transparenten para demostrarlo. La realidad es que los datos les desmienten.

Cano describe el proyecto de Sánchez con una crudeza que comparto:
sabe que los españoles le odian y, por eso, apuesta por crear nuevos españoles mediante nacionalizaciones masivas, para engordar el censo electoral que le mantenga en el poder en 2026 o 2027. A costa de más inseguridad, más tensión social y un país cada vez más dependiente de pensiones, subsidios e ingreso mínimo vital.

El resultado de esta ecuación es simple:
un país en el que cada vez se produce menos, pero donde se regala más a cambio de votos; en el que los que aportan al PIB y al sistema de bienestar acaban planteándose marcharse; y en el que la inmigración ilegal y sin control se convierte en herramienta política.

España se ha quedado sola en Europa, pero no por principios, sino por cálculo electoral. Y eso, a medio plazo, nos lleva directos al tercer mundo.

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