Los sobrinos de Maduro esperan huir desde una isla de Los Roques

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Mientras Nicolás Maduro declara en Estados Unidos, en Venezuela se juega otra partida en silencio. Desde Caracas, Ana María, una de nuestras confidenciales, describe una escena que ayuda a entender por qué los sobrevuelos estadounidenses se concentran en zonas muy concretas del país.

Según el testimonio que recibimos, familiares directos de Cilia Flores y del entorno más cercano de Maduro se encuentran refugiados en una isla del archipiélago de Los Roques, concretamente Crasquí, a la espera de poder huir en cuanto se abra el espacio aéreo. No se trata de rumores: la isla estaría ocupada por sobrinos y enchufados del régimen, personas vinculadas tanto al chavismo como a estructuras de poder que saben que el tiempo juega en su contra.

Vigilancia aérea para impedir la fuga

Esta información explica algo que desconcertaba a muchos venezolanos: los constantes sobrevuelos de aeronaves y drones sobre zonas como La Orchila y Los Roques. El objetivo sería claro: evitar que quienes han saqueado el país puedan escapar.

No hablamos de una retirada ordenada, sino de una huida. Personas que esperan el momento exacto para salir, conscientes de que el cerco se estrecha y de que Estados Unidos no quiere dejar cabos sueltos.

Caracas vive con miedo, no con normalidad

Mientras tanto, la vida diaria en Caracas está lejos de cualquier apariencia de normalidad. Ana María relata colas para comprar alimentos, precios imposibles, restricciones de compra, miedo a hablar y presencia intermitente de los colectivos armados en distintos barrios.

En algunas zonas hay electricidad; en otras, no. Las fallas de luz persisten, sobre todo cerca de instalaciones militares. Se escuchan aviones de madrugada, se observa humo en puntos sensibles y la población evita salir a la calle por temor a represalias. No hay celebraciones. Hay prudencia extrema.

Una sociedad que entiende la espera

Pese al hartazgo, el mensaje que se repite es uno: nadie quiere precipitarse. Muchos venezolanos comprenden que una toma inmediata del poder por la oposición, sin control militar, podría desencadenar un nuevo golpe sangriento. La memoria pesa. Los muertos del pasado siguen presentes.

Ana María lo resume con claridad: prefieren una transición lenta pero segura, incluso bajo tutela internacional, antes que volver a vivir una masacre.

Información clave del testimonio

  • Familiares y allegados del régimen estarían refugiados en la isla de Crasquí, en Los Roques.
  • Esperan huir cuando se reabra el espacio aéreo.
  • Estados Unidos vigila la zona para impedir la fuga.
  • Caracas vive entre el miedo, la escasez y el silencio forzado.
  • La población asume la espera para evitar un nuevo estallido violento.

Mientras el mundo mira a Nueva York, en el Caribe venezolano se decide quién logra escapar y quién no. Los que saquearon el país buscan una salida discreta. Y los que se quedaron, esperan justicia, aunque llegue despacio.

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