El escándalo de Forestalia: “Recogemos animales muertos a paladas de tractor”
Hoy quiero hablarles de algo que está ocurriendo en España desde hace años y que muchos han intentado ocultar bajo un discurso muy cómodo: el de la transición ecológica.
Durante años hemos visto crecer parques eólicos y proyectos energéticos por toda España. Pero cuando uno empieza a investigar qué hay detrás, descubre algo muy distinto de lo que nos cuentan.
En Teruel, la Guardia Civil ha detenido a altos cargos vinculados al Ministerio de Transición Ecológica, acusados de delitos tan graves como prevaricación, cohecho, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal. Según la investigación, se habrían repartido más de 17 millones de euros en ayudas públicas vinculadas a proyectos energéticos.
Hablamos de licencias para instalar parques eólicos. Licencias que, según las denuncias, se concedían con total opacidad.
Uno de los nombres que ha salido a la luz es Eugenio Domínguez, exalto cargo del ministerio dirigido por Teresa Ribera. Según la investigación, la empresa Forestalia le habría pagado más de cinco millones de euros para avalar macroparques eólicos.
Lo que estamos viendo huele muy mal.
Un negocio gigantesco disfrazado de ecología
He querido hablar con Ernesto Romero, portavoz de Energía y Medio Ambiente de Teruel Existe, uno de los colectivos que lleva años denunciando lo que está pasando.
Su diagnóstico es claro.
Nos dicen que esto es una transición ecológica. Pero lo que está ocurriendo en muchos lugares no tiene nada de ecológico. Según Romero, se está produciendo una destrucción ambiental enorme en nombre de las renovables.
Las zonas despobladas de España se han convertido en territorios de sacrificio. Allí es donde se instalan macroproyectos energéticos sin tener en cuenta el impacto sobre el paisaje, la biodiversidad o las comunidades rurales.
El caso del clúster del Maestrazgo es especialmente grave.
Estamos hablando de un territorio con una biodiversidad única, con ecosistemas de altitud, zonas protegidas y espacios incluidos en la red Natura. Un lugar donde durante generaciones los habitantes han convivido con el entorno de forma equilibrada.
Y sin embargo allí se aprobaron proyectos gigantescos.
Aerogeneradores en zonas protegidas
Según las denuncias presentadas, se aprobaron decenas de aerogeneradores dentro de espacios protegidos y en zonas de alta sensibilidad ambiental.
Algo que, según los propios mapas del Ministerio, no debería haberse permitido jamás.
Pero ocurrió.
Y ocurrió a pesar de informes negativos, advertencias ambientales y años de denuncias por parte de asociaciones ciudadanas.
El motivo, según explican quienes han investigado el caso, es muy sencillo: el dinero que mueve este negocio es gigantesco.
El gran negocio de los permisos
Las empresas no siempre construyen los parques.
Muchas veces lo que hacen es obtener los permisos y vender el proyecto.
Para entenderlo: un proyecto eólico puede costar unos dos millones de euros en estudios, informes y trámites administrativos. Pero cuando obtiene autorización, puede venderse por más de 17 millones.
Es decir, quince millones de beneficio solo con el papel del permiso.
Así funciona el negocio.
La escena más brutal
Pero lo más impactante que me contó Ernesto Romero no tiene que ver con el dinero. Tiene que ver con la realidad que se vive en el terreno.
Según explica, los aerogeneradores provocan una enorme mortalidad de aves y murciélagos, muchas veces especies protegidas.
Y lo que ocurre después es todavía más grave.
Cuando los inspectores van a revisar la zona, las empresas saben con antelación que van a llegar.
¿Y qué hacen?
Romero lo explica con una frase que lo resume todo:
“Recogemos los animales muertos a paladas de tractor.”
Así, literalmente.
Para que no queden pruebas.
Un daño ambiental enorme
El problema no es solo la muerte de animales.
Los buitres, por ejemplo, son fundamentales para eliminar carroña y evitar enfermedades. Los murciélagos controlan poblaciones de insectos y contribuyen al equilibrio del ecosistema.
Cuando desaparecen, todo el sistema natural se resiente.
Y sin embargo, durante años, estos proyectos han avanzado sin control.
Una trama que empieza a destaparse
Las investigaciones de la UCO están empezando a sacar a la luz lo que muchos denunciaban desde hace tiempo.
Que detrás de muchos proyectos energéticos no había una estrategia ambiental, sino un negocio gigantesco basado en permisos, influencias y decisiones políticas.
El caso Forestalia puede ser solo la punta del iceberg.
Y ahora toca responder a una pregunta incómoda:
¿Cuántos paisajes de España han sido destruidos en nombre de una transición ecológica que en realidad era un negocio?
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