Maduro y Cilia Flores ni se hablan: tensión total en el núcleo del régimen venezolano
Hay detalles que explican más que cualquier discurso oficial.
Detalles que no aparecen en comunicados.
Pero que lo dicen todo.
Hoy, desde Washington, se revela uno de ellos:
Nicolás Maduro y Cilia Flores ni se miran, ni se hablan, ni interactúan como matrimonio.
No es una impresión puntual.
Es una constatación directa.
Así lo cuenta el corresponsal Roberto Macedonio, que ha podido seguir de cerca la situación:
la relación entre ambos está completamente rota en lo personal, hasta el punto de comportarse como dos desconocidos.
Y esto no es un asunto menor.
Porque hablamos del núcleo del poder en Venezuela.
De una estructura política que durante años ha funcionado como un bloque cerrado, familiar y absolutamente coordinado.
Maduro y Cilia Flores no son solo una pareja.
Son parte del mismo engranaje político desde hace décadas.
Ella ha sido una figura clave dentro del régimen.
Presidenta de la Asamblea Nacional, dirigente del chavismo y pieza fundamental en el círculo de poder.
Pero ahora, lo que se percibe es otra cosa.
Distancia.
Frialdad.
Ruptura.
Un escenario que encaja con el contexto actual:
ambos han sido llevados ante la justicia en Estados Unidos, enfrentando acusaciones relacionadas con narcotráfico.
Y en situaciones así, el poder se tensa.
Las lealtades se ponen a prueba.
Las estructuras internas empiezan a resquebrajarse.
Porque cuando el control se debilita,
aparecen las fracturas.
Lo que describe Macedonio no es una anécdota.
Es un síntoma.
Un indicio de que algo se está rompiendo dentro del propio régimen.
Y cuando eso ocurre,
las consecuencias suelen ir mucho más allá de lo personal.
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