«Parece que Maria Corina Machado está de gira por Europa como si fuera una estrella musical»

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Hay algo que chirría.

Y no es menor.

Durante años, María Corina Machado fue vista como una figura incómoda, firme, directa. Una voz que hablaba claro sobre lo que estaba ocurriendo en Venezuela. Sin matices. Sin rodeos.

Pero algo ha cambiado.

Hoy, escuchando a Azabache, la reflexión es tan directa como difícil de ignorar:

“Parece que María Corina Machado está de gira por Europa como si fuera una estrella musical.”

Y la frase no es solo provocadora. Tiene fondo.

De líder a figura itinerante

Lo que antes era resistencia dentro del país, ahora se ha convertido en una sucesión de apariciones internacionales.

Fotos.

Encuentros.

Selfies.

Reuniones.

Una agenda que recuerda más a una gira que a una estrategia de confrontación real con el régimen.

Y mientras tanto, Venezuela sigue exactamente en el mismo punto.

El cambio que nadie explica

Azabache lo deja claro: hubo un momento en el que el discurso era otro.

Un discurso donde se hablaba de no legitimar una estructura criminal participando en procesos controlados.

Donde se advertía que enfrentarse a una tiranía requería algo más que elecciones.

Algo más que presencia internacional.

Pero hoy, esa línea parece haberse diluido.

Premios, reconocimiento… y dudas

Hay otro elemento que añade ruido.

Los premios.

Los reconocimientos.

Los apoyos internacionales.

Todo eso suma visibilidad, sí.

Pero también genera una pregunta incómoda:

¿Se está premiando el proceso… o el resultado?

Porque, como apunta Azabache, en cualquier competición el premio llega al final.

No antes.

La desconexión con la realidad

Mientras se suceden los viajes y las reuniones, la situación en Venezuela sigue marcada por:

– pobreza estructural
– control institucional
– ausencia de cambios reales

Y ahí es donde la crítica se vuelve más dura.

Porque la percepción empieza a alejarse de la realidad.

La frase que resume todo

Hay una idea que lo sintetiza:

“La libertad de Venezuela pasó a un segundo plano.”

Y cuando eso ocurre, todo lo demás —la agenda, los encuentros, los discursos— pierde peso.

El riesgo real

No es una cuestión de imagen.

Es una cuestión de dirección.

Cuando una figura que representa una causa empieza a percibirse como parte del circuito internacional más que como motor interno de cambio, el mensaje se debilita.

Y con él, la confianza.

La pregunta final

¿Estamos ante una estrategia necesaria… o ante una desconexión progresiva?

La respuesta no está en los titulares.

Está en los resultados.

Y de momento, esos siguen sin llegar.

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