Los Castro se hacen ricos con operaciones de cambio de sexo

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Lo que voy a contarles debería haber ocupado portadas. Pero no lo ha hecho. Y eso, en sí mismo, ya dice mucho.

En Cuba, una organización dirigida por la hija de Raúl Castro, sobrina de Fidel Castro, recibe dinero procedente de administraciones españolas para financiar operaciones de cambio de sexo. Sí, lo pagan ustedes. Dinero público.

No estamos hablando de algo antiguo. La última subvención conocida es de hace apenas cinco años, aunque todo apunta a que podrían existir más vías de financiación abiertas desde distintas administraciones europeas.

La historia se vuelve aún más inquietante cuando se conecta con un caso reciente. El FBI intervino en Cuba para recuperar a un niño estadounidense de 10 años que había sido llevado ilegalmente por su padre con un objetivo concreto: someterlo a una cirugía de cambio de sexo. En Estados Unidos eso está prohibido a esa edad. En Cuba, no. Basta con pagar. Diez mil dólares por la intervención. Sin importar la edad.

El niño fue rescatado antes de la operación. Pero la pregunta clave es: ¿quién iba a realizarla?

La respuesta lleva directamente al Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), la estructura dirigida por Mariela Castro. Un organismo que, bajo apariencia institucional y formato de ONG, ha construido un modelo que mezcla ideología, financiación internacional y negocio.

Este centro no solo promueve estas intervenciones. Fue clave en la ley que permitió operaciones gratuitas para ciudadanos cubanos, en lo que muchos consideran un intento de lavar la imagen de un régimen que durante décadas persiguió, encarceló y torturó a homosexuales.

Porque conviene no olvidar de dónde viene todo esto.

En los años 60 y 70, el castrismo creó las UMAP, auténticos campos de concentración donde eran enviados homosexuales, religiosos y opositores. Más de 30.000 hombres pasaron por esos campos, sometidos a trabajos forzados, violencia y reeducación.

Hoy, ese mismo régimen se presenta como referente en derechos sexuales. Y lo hace con dinero europeo.

Noruega ha aportado cientos de miles de euros. El Gobierno vasco también. Al menos 120.000 euros en 2019. Y no hablamos de ayudas simbólicas: hablamos de un flujo constante de financiación que, según diversas fuentes, se completa con aportaciones de organizaciones vinculadas a grandes fundaciones internacionales.

Mientras tanto, en Cuba, la población sigue enfrentándose a carencias básicas. Pero el sistema sí garantiza algo: la posibilidad de someterse a estas intervenciones.

Y el dinero, ¿dónde acaba?

Según las denuncias recogidas, en los bolsillos de quienes controlan el sistema. En este caso, la propia Mariela Castro, convertida en figura internacional, premiada por organismos como la ONU y presente en foros europeos donde se presenta como referente en esta materia.

Es difícil no ver aquí un patrón claro: un régimen que persiguió a un colectivo durante décadas ahora capitaliza ese mismo ámbito para legitimarse y enriquecerse.

Y lo hace, en parte, con dinero español.

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