El español olvidado que llegó a ser congresista en Estados Unidos gracias a los esquimales
España tiene una extraña costumbre: olvidar a sus mejores hombres.
Mientras dedicamos calles, subvenciones y homenajes a personajes irrelevantes, otros españoles que hicieron historia mundial permanecen prácticamente borrados de la memoria colectiva.
Uno de ellos fue Segundo Llorente.
Probablemente la mayoría de españoles jamás haya oído hablar de él. Y, sin embargo, fue el primer español en convertirse en congresista de los Estados Unidos.
Nada menos.
La historia la recordó en nuestro programa el historiador Paco Álvarez, que definió a Segundo Llorente como un personaje extraordinario y completamente olvidado en España.
Llorente nació en Mansilla Mayor, un pequeño pueblo de León. Desde niño quiso ser jesuita y misionero. Y tenía una obsesión que parecía imposible: ir a Alaska.
Lo más sorprendente es que ni siquiera hablaba inglés cuando tomó esa decisión.
Pero terminó marchándose al lugar más extremo que uno pueda imaginar.
Allí convivió durante décadas con comunidades indígenas esquimales, aprendió su idioma, defendió sus derechos y acabó convirtiéndose en una figura profundamente respetada por ellos.
Hasta el punto de que fueron los propios esquimales quienes le pidieron que se presentara al Congreso de Estados Unidos.
Y ganó.
Un leonés convertido en representante político de Alaska gracias al apoyo de los indígenas del Ártico.
Hay historias que parecen ficción, pero esta ocurrió de verdad.
Paco Álvarez recordó además otro detalle impresionante: cuando Segundo Llorente murió en 1989, fue enterrado con honores indígenas, bajo una piel de foca, como uno más de ellos.
Ese fue el reconocimiento que recibió en Alaska.
Mientras tanto, en España, prácticamente nadie sabe quién fue.
Ni monumentos importantes. Ni grandes homenajes institucionales. Ni presencia en libros escolares. Nada.
Y quizá eso explica muchas cosas de este país.
Porque una nación que olvida a quienes dedicaron su vida a servir, proteger y representar dignamente a España fuera de sus fronteras, acaba perdiendo también la memoria de sí misma.
Segundo Llorente no buscó fama, dinero ni poder.
Se fue al lugar más inhóspito del planeta para ayudar a otros.
Y terminó haciendo historia.
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