Santiago Cortés, el héroe que resistió ocho meses y que algunos quisieron borrar de la historia
Hay historias que merecen ser contadas una y otra vez.
No porque pertenezcan a un bando político.
No porque sirvan para alimentar viejos enfrentamientos.
Sino porque hablan de coraje, sacrificio y honor.
Hoy quiero recordar a uno de esos hombres.
Su nombre fue Santiago Cortés González.
Nació en Valdepeñas de Jaén en 1897 y muy pronto eligió la carrera militar. Combatió en África, ingresó posteriormente en la Guardia Civil y desarrolló una trayectoria marcada por la disciplina y el cumplimiento de su deber.
Pero su nombre quedó unido para siempre a uno de los episodios más extraordinarios de la Guerra Civil española.
Cuando estalló el conflicto en 1936, un grupo de guardias civiles, voluntarios y familias se refugió en el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, en Andújar.
Entre ellos había hombres armados.
Pero también mujeres.
Y también niños.
Santiago Cortés era el oficial de mayor graduación presente en el lugar.
Las autoridades republicanas intentaron negociar la rendición.
La respuesta fue clara.
No entregarían las armas.
Y si querían expulsarlos, tendrían que hacerlo por la fuerza.
Comenzó entonces una resistencia que pasaría a la historia.
Durante meses soportaron el asedio.
Bombardeos de aviación.
Bombardeos de artillería.
Ataques continuos.
Escasez de alimentos.
Escasez de recursos.
Y la certeza de que nadie acudiría a rescatarlos.
Aun así resistieron.
Lo hicieron durante más de ocho meses.
La situación terminó siendo desesperada.
En abril de 1937 la República decidió poner fin definitivamente al asedio y movilizó, según se relató durante nuestro programa, alrededor de 10.000 soldados, apoyados por carros de combate, artillería y aviación.
El santuario quedó prácticamente destruido.
El 1 de mayo de 1937 las tropas republicanas tomaron finalmente la posición.
De los aproximadamente doscientos combatientes iniciales apenas quedaban cuarenta y seis capaces de seguir luchando.
Todos estaban heridos.
Entre ellos, Santiago Cortés.
Gravemente herido, fue trasladado a un hospital donde falleció al día siguiente.
Y aquí aparece uno de los aspectos más humanos de esta historia.
Según los testimonios conocidos, antes de morir agradeció el trato recibido por quienes habían sido sus enemigos durante aquellos meses de combate.
Una escena que demuestra que incluso en medio de una guerra pueden existir gestos de respeto y humanidad.
Tras el conflicto, Santiago Cortés recibió homenajes, monumentos y calles con su nombre.
Pero con el paso de los años llegó otro episodio difícil de comprender.
En 1991, según recordó Paco Álvarez durante nuestro programa, el monumento dedicado a Santiago Cortés en su localidad natal fue demolido por decisión del ayuntamiento.
Y ahí surge una pregunta inevitable.
¿Debe una sociedad borrar el recuerdo de quienes actuaron con honor porque combatieron en un determinado bando durante la Guerra Civil?
Yo creo que no.
Se puede debatir sobre la Guerra Civil.
Se puede debatir sobre la política.
Se puede debatir sobre la historia.
Lo que resulta mucho más difícil es debatir el valor de un hombre que permaneció junto a mujeres, niños y compañeros durante ocho meses de asedio, sabiendo que probablemente no sobreviviría.
Por eso hoy hemos querido recordarle.
Porque las naciones que olvidan a sus héroes terminan olvidando también los valores que esos héroes representaban.
Y porque la memoria no debería servir para borrar.
Debería servir para comprender.
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