La victoria de nuestra Selección: la batalla que el Gobierno y sus socios no quieren ver
Amigos, hay una manera de entender España que se está abriendo paso, y créanme, estamos ganando la batalla. La reciente victoria de nuestra selección española de fútbol no es solo un triunfo deportivo; es un fenómeno que ha puesto al descubierto la profunda incomodidad que genera la unidad nacional en ciertos sectores. Lo digo claro: lo están pasando muy mal con la victoria de la selección española, todos los socios del Gobierno y hasta el propio Gobierno.
Es una verdad incómoda, pero evidente. Cuando la gente sale a la calle a celebrar, a ondear la bandera, a gritar el nombre de España, se produce una disonancia en el relato oficial, en esa narrativa que busca fragmentar y dividir. La espontaneidad del orgullo patrio, la alegría sin complejos, es algo que parece descolocar a quienes se han acostumbrado a ver nuestra bandera como un símbolo a evitar o a asociar con etiquetas negativas. Pero la realidad es tozuda: la victoria ha sido una fiesta, una manifestación de que, a pesar de todo, hay una España que quiere estar unida y celebrar sus éxitos sin pedir permiso.
El ridículo del postureo político
Esta incomodidad se traduce en un intento desesperado por subirse al carro, o por desacreditar lo que no pueden controlar. Hemos visto ejemplos grotescos de este postureo político. Me llega una fotografía, por ejemplo, donde Sánchez aparece con una camiseta con unas siglas extrañas, no un número. Y luego, Juan, con buen humor, fabrica llaveros con esas mismas siglas, añadiendo un irónico ‘PUNS’. ¿Qué significa? Quizás la gente ya no se traga los disfraces.
Angelines me manda otro meme que lo dice todo: Sánchez queriendo bajar a hacerse la foto con Donald Trump y la selección cuando ganaron la copa, y siendo parado con un rotundo: “Déjenme pasar. Soy el protagonista. Señor Zaunas, por favor, deje de hacer el ridículo. No puede pasar.” Es la caricatura perfecta del oportunista, del que solo busca la foto para apropiarse de un éxito ajeno, para capitalizar lo que no ha construido.
Más allá de la anécdota, Miguel Ángel me hace llegar una imagen que describe a Pedro Sánchez como el «rey, doctor en promesas, campeón del Itumás, rey del postureo, experto en dividir». Una placa que, si fuera real, podríamos colgar en cualquier pared para recordar quién es quién. Y qué decir del meme con el ‘hermanísimo’ componiendo una canción sobre la victoria, mientras la respuesta es clara: “David, me gustaba bastante más cuando estabas jodiendo en Badajoz y no podía escucharte.” La sátira es, a menudo, el espejo más fiel de la realidad.
La cumbre del esperpento llega con la imagen que me envía Angelines, donde se ve a una figura femenina, claramente una alusión a Begoña Gómez, diciendo: “Pedro, he decidido que ahora quiero ser entrenadora nacional de fútbol, así que puedes aprovechar que va a venir el calvo fascista ese para decirle que está despedido.” Y de fondo, una bandera de Palestina y una foto de Koldo (Dels Rodríguez) en un barril de petróleo. Es la mezcla explosiva de la ambición desmedida, la ideología impuesta y los escándalos que parecen perseguirles.
Incluso Mortadelo entra en escena, con “su sanchidad” dándole órdenes: “Mortadelo, este césped es un desastre. Córtalo bien, que van a venir enseguida los jugadores. La verdad es que no sé por qué te pago.” Y la respuesta de Mortadelo: “Sí, ahora mismo, señorito explotador. Entonces, cuando lleguen los jugadores y yo que les abrazo, tú aprovechas y les metes el requerimiento por el bolsillo. Entendido, su esquilmadorísima sanchidad.” Esto no es solo humor; es una crítica mordaz a la forma de actuar, al abrazo interesado, al requerimiento que siempre acecha detrás de la sonrisa.
Mantengamos el optimismo: estamos ganando la guerra
Amigos, esta es la manera de entender España que estamos ganando. Nos quieren divididos, enfrentados, avergonzados de lo nuestro. Pero la victoria de la selección ha sido un recordatorio potente de que la unidad y el orgullo son más fuertes que cualquier intento de manipulación. Los memes, las bromas, la sátira, son también formas de resistencia, de señalar el absurdo, de reírnos de quienes intentan controlarnos.
Por lo tanto, mantengamos la fiesta, aumentemos la dosis de optimismo y adelante, que vamos a ganar la guerra. La trinchera nos espera mañana, pero hoy celebramos que la verdad, y el sentir de la gente, se abren paso.
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