PACO ÁLVAREZ: Catalina de Erauso, la Monja Alférez que ni fue monja ni fue alférez

Recreación histórica editorial de Catalina de Erauso, conocida como la Monja Alférez, con bandera española, espada y mapa de América
Imagen editorial histórica sobre Catalina de Erauso, la Monja Alférez
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Hay personajes de nuestra historia que parecen escritos por un novelista con ganas de exagerar. Y, sin embargo, existieron. Uno de ellos es Catalina de Erauso y Pérez de Galarraga, más conocida como la Monja Alférez, aunque, como explicó el historiador Paco Álvarez en Castillón Confidencial, ese apodo encierra dos trampas: ni fue monja ni fue alférez.

La historia de Catalina de Erauso es la de una mujer nacida en San Sebastián, en 1592, dentro de una familia acomodada, enviada de niña a estudiar con las dominicas, como tantas otras jóvenes de su tiempo. De ahí viene la primera parte del mito. Estuvo en un convento, sí. Pero no fue monja. No tomó votos, no fue ordenada ni vivió como religiosa. Paco Álvarez lo resumió con una comparación muy gráfica: haber estudiado en un colegio de curas no convierte a nadie en monje.

El segundo equívoco es el de “alférez”. Tampoco lo fue formalmente. El título popular procede de la fama posterior, de las obras de teatro y relatos que convirtieron su vida en leyenda. Pero detrás de ese apodo hay algo mucho más poderoso: una trayectoria real, peligrosa, violenta y fascinante, que llevó a Catalina de Erauso a cruzar el Atlántico, vivir como hombre, combatir en América y ser reconocida por la monarquía hispánica.

Una joven rebelde que escapó del convento

Según explicó Paco Álvarez, Catalina fue una muchacha rebelde desde muy joven. Pasó por el convento de las dominicas y después por otro, el de San Bartolomé. Pero a los 15 años se escapó y desapareció de la vida que le habían preparado. A partir de ahí comenzó su aventura: se vistió de hombre, adoptó nombres masculinos y empezó una existencia completamente fuera del molde que la sociedad esperaba de una mujer de su tiempo.

No se trató de una anécdota menor. Catalina vivió durante años como varón, firmó con nombres como Alfonso o Antonio de Erauso y logró moverse por espacios reservados a los hombres: la navegación, la aventura americana, los duelos y el ejército. En palabras de Álvarez, era alguien a quien “le iba la marcha”, una personalidad indomable que no encajaba en la vida quieta que otros habían decidido para ella.

América, duelos y una vida de espada en mano

La vida americana de Catalina estuvo llena de episodios extremos. Paco Álvarez recordó que las primeras noticias que se tienen de ella la sitúan envuelta en duelos y reyertas, algunas con resultado de muerte. En Perú y Trujillo tuvo que acogerse a sagrado, es decir, refugiarse en una iglesia para evitar la justicia. No era una figura decorativa ni una heroína de postal. Era una mujer de armas tomar, literalmente.

El episodio más simbólico llegó en Chile, durante los enfrentamientos con los mapuches. Según relató Álvarez, en una batalla los enemigos capturaron la enseña española. Aquello, para un ejército, era una humillación inaceptable. Se pidieron voluntarios para recuperarla y Catalina se ofreció junto a otros soldados. Se internaron entre las filas enemigas; el alférez murió, otro soldado quedó malherido y Catalina logró llegar hasta el cacique, matarlo y recuperar la bandera.

Ahí nace buena parte del mito. Quien porta la bandera en el ejército es el alférez, y Catalina devolvió la enseña española. Pero eso no significa que recibiera formalmente ese rango. La leyenda, como tantas veces, simplificó una vida mucho más compleja.

Reconocida por el rey y autorizada por el Papa

Lo extraordinario del caso es que Catalina de Erauso no fue simplemente tolerada por las instituciones de su tiempo. Fue recibida en España por el rey, que le concedió una pensión por los servicios prestados a la Corona. Además, según explicó Paco Álvarez, fue reconocida oficialmente en el ejército con su nombre masculino.

Después viajó a Roma y pidió permiso al Papa para seguir viviendo y vistiendo como varón. Y el Papa se lo concedió. El dato es impresionante porque desmonta muchos tópicos fáciles sobre la España de aquel tiempo. Una mujer que había vivido como soldado, que se había hecho pasar por hombre y que había combatido al servicio de la Corona fue reconocida por el rey y autorizada por el Papa a continuar con esa forma de vida.

Álvarez subrayó precisamente esa paradoja: en una época que hoy muchos presentan de forma caricaturesca como oscurantista, la monarquía hispánica reconoció a una mujer soldado siglos antes de que otros países admitieran algo semejante en sus ejércitos.

Una figura que no necesita ser manipulada

El tramo final de la conversación fue especialmente interesante porque Paco Álvarez advirtió contra la tentación actual de reescribir a Catalina de Erauso desde categorías modernas. Defendió que Catalina fue una mujer, documentada como tal desde su bautismo, que decidió vivir durante años como hombre para poder abrirse camino en un mundo vedado a las mujeres.

Y ahí está precisamente su grandeza. No hace falta convertirla en otra cosa para reconocer su fuerza. Catalina de Erauso fue una mujer libre, violenta, contradictoria, valiente, excesiva y absolutamente singular. Una figura incómoda para cualquier relato simplista, porque no cabe en los moldes fáciles ni de su época ni de la nuestra.

Terminó sus días en América, en México, tras una vida que pasó por conventos, espadas, barcos, batallas, duelos, reconocimientos reales y permisos papales. Es normal que después se escribieran obras de teatro, novelas y películas sobre ella. Lo raro es que no se la recuerde mucho más.

Por eso merece la pena que Paco Álvarez siga trayendo al programa estos personajes. Porque la historia de España está llena de vidas que no necesitan propaganda: basta con contarlas bien.

Quienes deseen ampliar la información y conocer el análisis completo pueden acceder al programa íntegro en nuestro canal de YouTube.

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