«Nos dejaron solos con lenguas de fuego de veinte metros, la UME tienen voluntad, pero solo obedecen órdenes»
Roberto Alcocer, vecino de La Adrada, puso voz en Castillón Confidencial al abandono que muchos pueblos han sufrido durante los incendios. No habló desde la teoría ni desde un despacho. Habló como afectado directo, como vecino que estuvo en la montaña viendo cómo avanzaban las llamas mientras la ayuda llegaba tarde o no llegaba.
Su testimonio fue demoledor: “Nos dejaron solos en la montaña, sin medios, solo la gente del pueblo con lenguas de fuego de 20 y 30 metros”. Alcocer relató que los primeros momentos, los verdaderamente duros, fueron precisamente aquellos en los que los vecinos se encontraron solos, intentando defender el terreno con palas, azadillas y herramientas básicas.
También dejó clara una distinción importante: el problema no era la voluntad de quienes estaban sobre el terreno, sino las órdenes. La UME, según el enfoque del testimonio, podía tener voluntad de ayudar, pero actuaba limitada por instrucciones superiores. De ahí la frase que resume el drama: la UME tiene voluntad, pero solo obedece órdenes.
La imagen que deja su declaración es insoportable: vecinos intentando contener el fuego como podían, mientras delante tenían lenguas de fuego de veinte y treinta metros. Lo comparó con David contra Goliat. Y tenía razón. Frente a una emergencia de esa magnitud, un pueblo no puede ser abandonado a su suerte.
El problema no es la voluntad de quienes acuden sobre el terreno. El propio enfoque del testimonio distingue entre las personas y las órdenes. La UME puede tener voluntad, como la tienen muchos guardias civiles, bomberos, voluntarios y trabajadores que se juegan el tipo en cada incendio. Pero si solo obedecen órdenes, si esas órdenes son equivocadas o llegan tarde, el resultado puede ser catastrófico.
Ahí está la clave política del asunto. No se trata de atacar al hombre que está apagando el fuego, sino de preguntar quién decide, desde dónde decide y por qué se toman determinadas decisiones. ¿Por qué se deja sola a la gente del pueblo en los momentos críticos? ¿Por qué se ordena desalojar a quienes están intentando defender la montaña? ¿Por qué se impide actuar a quienes conocen el terreno?
El testimonio también señaló un episodio especialmente grave: la preparación de un contrafuego que, según explicó, podía afectar a miles de hectáreas. Los vecinos no entendían por qué había que sacrificar una extensión enorme cuando el fuego todavía estaba en una zona concreta y podía intentarse otra estrategia. Según relató, se opusieron mientras siguieron arriba trabajando en la montaña, precisamente porque consideraban que aquella decisión podía agravar la devastación.
Finalmente, llegó la orden de desalojarlos. Bajaron de la sierra y, después, se ejecutó el contrafuego desde una zona más baja. El resultado, según el afectado, fue que acabó quemándose todo. Aunque se pudieron salvar algunos pinares y zonas concretas, la sensación final fue de devastación y de impotencia.
Lo más indignante es que esto ocurre mientras desde el poder se repite la explicación cómoda del cambio climático. Pero quien estuvo allí no habla de teoría climática. Habla de abandono. Habla de falta de medios. Habla de vecinos solos frente a llamas inmensas. Habla de órdenes que no se entienden. Habla de una administración que aparece tarde y decide mal.
Y esa es la noticia. No un análisis técnico frío sobre un contrafuego. No una pieza general sobre la UME. La noticia es que un afectado contó, en primera persona, que los dejaron solos frente al fuego. Esa voz debe estar en el centro del artículo porque es la que explica la dimensión humana del desastre.
España no puede asumir como normal que los pueblos tengan que defenderse solos mientras las instituciones miran, ordenan evacuar o se escudan en protocolos. Tampoco puede permitirse que quienes conocen el terreno sean apartados justo cuando más falta hacen.
Si la UME tenía voluntad, pero solo obedecía órdenes, entonces la pregunta es inevitable: ¿quién dio esas órdenes y con qué criterio? Porque cuando un pueblo se queda solo con lenguas de fuego de veinte metros delante, el problema ya no es solo el incendio. Es el sistema entero que ha fallado.
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